Archive for October, 2007

Camino

Atravieso la ciudad en la oscuridad, abrigándome del frío que intenta penetrar en mis huesos. El único ritmo, la cadencia de mis pasos. El único sonido, el atronador silencio de la multitud. La gente pasa a mi alrededor como sombras en mi visión periférica. Sé que están allí, de una forma lógica e impersonal. Sé que miran mi cara inexpresiva al cruzarse conmigo, que se preguntan qué oscuros pensamientos atraviesan furtivos mi cabeza. Pero no tienen sustancia para mí. No son reales. Una burbuja invisible de quietud me rodea. Fuera de ella nada tiene sentido, nada existe. En su interior, sólo existo yo.

Calles, plazas, todas pasan bajo mis pies apresuradamente, indiferentes a aquél que las recorre. Todas ellas almacenadas impecablemente en mi memoria. Al contrario que la gente, siempre extraña, las direcciones tienen un sentido intrínseco, una sencillez, una pureza. Una persona siempre es para mí más laberinto que las más retorcidas calles del centro de una ciudad, pues nadie puede trazar planos de una persona.

Finalmente llego a mi destino, aunque jamás hubo en mí ninguna duda de que llegaría allí. Cumplido mi recado, me giro y observo el camino de vuelta. Entonces lo comprendo. El camino de vuelta, el camino de ida, son el mismo. El objetivo, el destino, son indiferentes.

Sólo el camino importa.

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Entropía

La oscura figura camina pesadamente, arrastrando los pies, encorvada, hasta llegar al elaborado trono que le espera en medio de la estancia. La capucha de su polvorienta toga oculta sus rasgos y extiende a su alrededor un aire de decadencia y muerte. Acomodándose en su asiento, respira profundamente durante unos instantes, y comienza con parsimonia su indeseable pero necesario trabajo.

Fugaz. Huidizo. Efímero es el gesto de su mano derecha. Cientos de relaciones de hermosas parejas felices se resquebrajan con el vaiven de su mano. Algunas se tambalean, otras se rompen por completo. Las esperanzas e ilusiones naufragan en los corazones. Unas pocas acaban en tragedia, y varias vidas se apagan para siempre. Otra febril maquinación de su mano izquierda hace que una pequeña guerra estalle en un aislado país en medio de África, y miles de almas se extinguen como velas en un huracán. Retuerce un punto invisible en el aire frente a su cabeza e incontables amistades se corrompen, sembrando la inseguridad, la desconfianza y la traición en el corazón de quienes antes estaban unidos. Aumentando el tempo de su macabra dirección de orquesta, coordina la caída de varios imperios, la pérdida de ideas y descubrimientos irrecuperables, la destrucción de creaciones únicas. Hasta la erosión de unas antiguas ruinas perdidas en el desierto, de valor incalculable, se encuentra bajo su poder. En un perdido rincón del cosmos, la vida se extingue para siempre en un planeta cuyo sol entró en las últimas fases de su evolución estelar.

Fatigada, pero nunca exhausta, la figura se retira para descansar de nuevo. Los dos abismos negros que absorben la luz desde el lugar donde deberían encontrarse sus ojos no demuestran emoción alguna. El destino de las vidas que ha roto, las esperanzas que ha frustrado para siempre, de las infinitas estrellas que bajo el toque de su mano se han apagado le resulta totalmente indiferente. Ella sólo hace su trabajo, y seguirá haciéndolo hasta que el universo descanse, frío y eterno, al final de los tiempos. Sólo entonces podrá descansar.

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