Archive for December, 2008

Cuatro Lunas

Cuando el tiempo amanecía, me encontré con la Luna Llena. La más pura imagen de la dulzura y la inocencia, ella me dio plenitud y madurez. Como una tierna amante, me hizo conocerme a mi mismo, descubrir mis propias emociones, abrió mi alma y me la mostró por dentro. Dio estabilidad al caos de mis pensamientos, me dio un futuro en el presente, planes, esperanzas. Me enseñó que en esta vida hay que luchar por las cosas, empeñarte al máximo en tus sueños y nunca, jamás, mirar atrás cuando se toman decisiones. Nuestras almas se enlazaron, y cuando ella cayó, yo caí con ella.

La Luna Creciente surgió en el momento más inesperado, me rescató con su sonrisa triste y sus carcajadas alegres. Sin proponérselo, me hizo renacer, me enseñó a levantar de nuevo mi alma en vuelo. A pesar de que yo sólo la veía desde la lejanía, su luz era suficiente como para calentar de nuevo mi ilusión, y su néctar tan dulce como para ansiar volverla a ver. Pero Luna Creciente no estaba ella misma exenta de anhelos, y del dolor de la pérdida y de aquéllo que, aunque deseado, se sabe más allá del alcance. Nuestros caminos se separaron, y la calidez de sus labios aún languidece en mis sentimientos.

Luna Menguante miraba mientras tanto con una sonrisa despreocupada en sus labios. Ella me había aportado el recuperar la sabiduría, largo tiempo perdida, de la juventud. El vivir al límite, el disfrutar cada día como si fuese el último, el sentirse vivo de nuevo, el poder reir como un demente al mirar al cielo mientras las gotas de lluvia heladas caen sobre tus ojos. Dejó para siempre una marca en mí. Pestañeando sorprendida, traviesa y juguetona, la Luna Menguante alzó el vuelo como un enigma, una sempiterna incógnita, imprevisible como el viento.

Luna Nueva ni siquiera sabía que lo era. Como es su naturaleza, surgió de forma totalmente inesperada. Sonreía siempre, con una de esas sonrisas que pueden acercar a dos mundos tan separados que ni siquiera se comunican en el mismo idioma. Su sonrisa auguraba una nueva etapa, un nuevo comienzo. La desaparición de los antiguos prejuicios y la inauguración de una nueva vida. Ella sabía que no duraría más que un suspiro, pero que, mientras durase, sería el suspiro más hermoso vivido en esa ciudad. Y se despidió, cómo no, sonriendo.

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Y ahora sóplale a la luz

Y ahora sóplale a la luz. Es sencillo, verás que apenas te cuesta nada. Un simple suspiro, una exhalación desganada, y la llama morirá sin prestar mucha resistencia. Sé que es difícil deshacerse de algo que te ha acompañado durante tanto tiempo, que ha iluminado tu camino y te ha enseñado gran parte de lo que sabes. Pero sabes que debes hacerlo, y yo sé que podrás. El fuego no es una criatura poderosa, sino una criatura cobarde, necesita sentirse grande y destructor para tener alguna confianza en sí mismo. Verás sin embargo que no muere de inmediato, que se agarra a la vida de la forma más inesperada, dejando su imagen en tu retina durante unos instantes para que no le olvides y seas consciente de tu asesinato.

La luz te abandonará, y te encontrarás perdido en la oscuridad, solo. Lo único que te recordará a la luz que antes te acompañaba será el humo negro que la lámpara de aceite habrá despedido al apagarse. No te preocupes, yo te guiaré, como siempre he hecho. A nadie le es sencillo deshacerse de su luz y adentrarse en la oscuridad.

La oscuridad te irá cubriendo, meciéndote en su seno, invadiendo tus días. Te sentirás desesperado, te sentirás perdido. Desearás no haber soplado nunca la luz, no haberte liberado jamás de su calor y su vida. Echarás de menos los viejos tiempos y querrás volver atrás, a esos años en los que la luz siempre estaba contigo. Pero poco a poco te acostumbrarás, aprenderás a estar solo, en las tinieblas. Poco a poco te darás cuenta de que la oscuridad ha estado siempre ahí, que la luz simplemente la estaba ocultando. Que era todo una ilusión.

Y entonces, sólo entonces, podrás volver a brillar.

Un texto para el Cuentacuentos

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