Archive for March, 2009

Lex talionis

El teléfono suena en medio de la noche, desgarrando el tejido de la oscuridad con su lamento insistente. Él coge el teléfono. Por su voz puede ver que ella ha estado llorando, y que hace auténticos esfuerzos para controlarse.

– Le he… le he matado… le he matado -dice entre sollozos entrecortados.

Él simplemente asiente. No le sorprende en absoluto. De hecho ya se lo esperaba, no era más que cuestión de tiempo. Deja que la chica hable más.

– No podía… no podía soportarlo más. Ayer…

De nuevo vuelve a deshacerse su voz en jirones, rotos por el llanto y la histeria. Él intenta calmarla con una voz segura y firme, pero la situación se encuentra mucho más allá de cualquier calma que puedan imponer las meras palabras.

– Ayer me empujó contra la encimera de la cocina. Creo… creo que me rompió una costilla. Tengo todo el pecho morado e inflamado… ¡el dolor es horrible! Cuando me caí al suelo no dejaba de darme patadas y de llamarme puta… Dios, fue horrible… No podía… ¡no podía más! Le dejé emborracharse… Mezclé varios medicamentos que encontré en una página francesa y los eché en el whisky… Dios, Marc, ¿qué he hecho? ¿Qué he hecho? Le he matado…

El hombre promete que se acercará de inmediato a su casa a verla. Intenta tranquilizarla de nuevo, sin éxito, y cuelga el teléfono.

Lo que queda de noche será largo. Besa a su mujer, que sigue dormida aún tras la conversación telefónica a su lado, le deja una nota y se viste para salir cuanto antes de casa. Coge las llaves de su coche. Por suerte, se conoce bastante bien el camino que lleva a la casa de su difunto hermano.

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No estás aquí para ser feliz

Hola Aitana, me llamo… bueno, mi nombre realmente es lo de menos, ¿no?. Tengo 102 años. Me gustaría decir que tengo suerte, pero no creo en ella. No te confundas, no es que piense que he tenido mala suerte. Simplemente me niego a atribuir a la suerte lo que se debe atribuir al esfuerzo y a la constancia.

Te preguntarás cuál es la razón de venir a conocerte hoy. Muchos te dirán que a quién se le ocurre llegar en estos tiempos que corren. Déjame que te diga algo. No escuches las tonterías que dice la gente. No dejes que te ahoguen en clichés y en sabiduría popular que de sabiduría tiene poco. Ten siempre en mente que “Al que madruga Dios le ayuda” no funciona si trabajas de noche, que ninguna generalización es verdadera, y que cada uno somos un universo distinto. No hay reglas que se nos puedan aplicar a todos. Eso nos hace mucho más valiosos.

Ciertamente, ha habido tiempos peores. Y, créeme, los habrá peores aún. No te fíes del que te diga que sólo recordarás las cosas buenas. Haz un esfuerzo por recordar las cosas malas, y aprender de ellas. Porque sólo aprendemos equivocándonos, es un hecho. Y, si no vas a seguir aprendiendo hasta el final, lo mismo te da morirte a los 102 que a los 35.

Entretente en tonterías. Los que sólo buscan las cosas serias de la vida son unos infelices y unos amargados. Persigue aquéllo que te haga feliz, pero no rehuyas por completo de lo que te haga daño, o crecerás sin madurez alguna. He vivido 102 años y te aseguro que de la vida hay muchísimas cosas que no te van a gustar, e incluso que odiarás, pero sólo de tí dependerá intentar que el balance final sea bueno. Recuerda esto: No estás aquí para ser feliz. No estás aquí para nada. Sólo tú puedes elegir cuál es tu propósito. Sé feliz, sé infeliz, sé lo que te dé la gana, pero sé LIBRE.

Ah, y otra cosa. No bebas demasiada Coca-Cola. Derrite el metal.

viejo

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Agujetas

Su amor fue tan intenso que les dejó con agujetas. Tan febril que les dejó sin aliento. Profundo, apasionado, vehemente, más fuerte que cualquier otra fuerza de la naturaleza. Un amor que sacudió la Tierra hasta los cimientos y removió las estrellas en los cielos…

Se conocieron en el lugar más inesperado, en el momento más inoportuno. Hablaron de política, de actualidad, de problemas que les preocupaban a ambos. La conversación se convirtió en una cita, una fiesta, unas copas, un baile en el que él no paraba de pisarle los pies a ella. Un paseo a la luz de la Luna, un beso en una estación, una habitación de una posada a la orilla del mar. Dos cuerpos entrelazados…

Y la pequeña llama que tan tímidamente empezó a arder se hizo hoguera, y luego incendio. Arrasó con todo, se lo llevó todo a su paso, fundió sus dos almas en una sola y forjó un amor que no se había visto jamás. Dejaron de ser dos personas en dos cuerpos distintos y se convirtieron en parte de un todo, en una entidad inexistente que sólo los que han amado con todo su ser podrán conocer alguna vez.

Pero su amor ardió con demasiada fuerza. El esfuerzo de ser parte de algo mayor que uno mismo fue desgastándoles a los dos. Los buenos momentos dejaron de ser tan buenos, y las risas se tornaron en amargura, en reproches y en discusiones absurdas. Las agujetas se transformaron en dolores musculares, y estos en artritis. El fuego que les había convertido en uno fue el mismo que tuvo que separarlos. Y cuando todo hubo ardido yacieron doloridos, rotos, como marionetas a las que han cortado los hilos.

Fue entonces cuando miraron hacia el pasado, y entendieron que ya no había vuelta atrás. Aquéllo que quema el fuego vuelve a renacer con el paso de los años. Pero, lo que quema el amor… queda más allá de cualquier recuperación.

A veces las agujetas no se van sólo con el tiempo.

La Fábula II

Quiero agradecer a dos grandes artistas que me hayan dejado usar esta foto para ilustrar esta entrada. En primer lugar, a la hermosa chica que aparece en la foto, Leticia Fuentes. En segundo lugar, al fotógrafo, Daniel Naveira. ¡¡Gracias!!

Un texto para el Cuentacuentos

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Carta Blanca

– Pasa, pasa -dice la pitonisa.

La habitación está decorada de forma inusual. Un aspecto avant-garde que no logra encajar en ninguna corriente determinada. Tal vez sea simplemente un popurrí de estilos. En cualquier caso no es la habitación estereotípica de una adivina, eso está claro.

– Antes de empezar, déjame decirte algo: lo que te hayan dicho de mí es todo mentira. No soy como los otros a los que has acudido. No voy a leerte la mano, ni voy a recurrir a los espíritus, ni pienso contarte estupideces New Age. Es más, ni voy a cobrarte.

El hombre asiente serio. Ya lo ha probado todo. Brujos, chamanes, adivinas, pitonisas gitanas, magos. A todos les ha hecho la misma pregunta. Ninguna de las respuestas que ha recibido ha sido en absoluto satisfactoria. Sólo supersticiones e idioteces.

– Bien, siéntate aquí. ¿Para qué has buscado tanto? Tu problema no es que no te hayan dado la respuesta correcta. Tu problema es no has hecho la pregunta adecuada. La sabiduría no consiste en conocer las respuestas, sino en saber formular las preguntas. A ver… déjame que te eche las cartas.

La cara de decepción del hombre es obvia. Ya le han tirado las cartas del tarot múltiples veces. Cada cual con resultado distinto. Más superstición absurda. La pitonisa baraja las cartas -algo extraño, ya que normalmente es él el que debe barajar las cartas- y saca una al azar.

– La Rueda de la Fortuna… Todos tenemos fortuna en nuestra vida. Es la definición de fortuna la que cambia para cada uno. Y lo complicado consiste en darse cuenta de en qué consiste esa fortuna. Veamos la siguiente.

La pitonisa saca una segunda carta de la baraja.

– La Justicia -la pitonisa ríe quedamente-. Olvídala. No hay justicia en este mundo. La justicia no es más que un invento del ser humano. Y no es muy buen invento, la verdad. Da igual, estas dos cartas no tenían ningún significado. Podría haber sacado cualquier otras dos, e igualmente no habrían servido de nada. ¿Quieres buscar el sentido de la vida en unas cartas estúpidas creadas en la Edad Media por un puñado de fanáticos? -sin añadir más, la pitonisa saca una tercera carta. Es una carta en blanco. Extrañado, el hombre extiende la mano y gira la carta. El reverso está en blanco también.

– No entiendo… -dice extrañado-. ¿Qué quiere decir esta carta?

– ¿Ves? Otra vez tu problema. La pregunta que estás diciendo es: “¿Qué quiere decir esta carta?”. Pero la pregunta que todo el mundo oye es: “¿Qué quiere decir esta carta para tí?”. Y la pregunta cuya respuesta buscas es: “¿Qué quiere decir esta carta para mí?”. La pregunta que llevas meses preguntando es: “¿Qué es el destino?”. Esta carta puede ayudarte a encontrar una respuesta que sea de verdad tuya.

El hombre gira la carta en su mano, aún confuso.

– ¿Qué carta esperabas? ¿La Muerte? Todos morimos. ¿El Bufón? Todos lo hemos sido en algún momento. Esta gente no era muy original… No, ninguna de ellas te hará pensar. Pero observa esa carta. Eso es el destino. Una hoja en blanco.

– Entonces… ¿no estamos predestinados?

– ¿Por qué me haces a mí la pregunta? Háztela a tí mismo. Dibuja tu propia carta. No esperes que nadie encuentre tu carta por tí. Si esperas eso, la gente te dará SUS respuestas. Y te tirará SUS cartas ¿Y qué si estamos predestinados? ¿Acaso una novela no está pre-escrita en la mente de su autor? Tu novela es tu vida, y tú eres el autor. Da igual que ya esté escrita, o no. Tú eres el autor.

El hombre medita en silencio durante unos instantes, asiente, deja un billete de 100 € en la mesa y abandona la habitación.

No ha encontrado la respuesta, pero ahora, con la carta en blanco en su bolsillo, puede empezar a hacer las preguntas adecuadas.

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¿Estáis ahí?

¿Estáis ahí? ¿Alguien puede oirme? ¡Llevo años gritando! Años, y nadie me oye. ¿Dónde estoy? Esta no es mi casa. No puedo ver nada. Todo es una neblina y una oscuridad que me envuelve como un manto. ¿Estoy ciego? Antes… antes no estaba ciego, ¿verdad? ¿Dónde estoy? ¡Sólo quiero volver a mi casa!

Una desconocida me lleva al baño. Me siento avergonzado. Le intento preguntar quién es y por qué se piensa que tiene derecho a llevarme de un lado a otro, pero mi voz no me obedece, es como hablar a través de un océano de pegamento… No distingo su cara, no es más que un borrón gris frente a mí. Me dice que no me preocupe, que es mi hija, y que necesito ir al baño.

¿Mi hija? No puede ser mi hija… soy demasiado joven para tener hijos. Tengo… tengo… ¿qué edad tengo? Llevo años así, ¿verdad? Me estoy muriendo, pero no llego a morir. Estoy atrapado en esta oscuridad…

Vuelven a llevarme de vuelta a esa maldita silla. Le digo a la desconocida que quiero pasear, correr, huir. Salir de esta habitación donde todo son sombras y no conozco a nadie. Parece que no me entiende. Me dice unas palabras de consuelo, me da un abrazo que me incomoda sobremanera y se marcha de la habitación, dejándome inmerso en mi oscuridad.

Yo sólo quiero volver a casa…

PD: Dedicada a todos los que tienen o han tenido un familiar con Alzheimer

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Comepiedras

Viendo que Hidra y Yinglong no paraban de discutir sin llegar a ningún sitio, Kraken se agitó inquieto en su pecera gigante. La discusión sobre los derechos inmobiliarios en Amaravati se había alargado demasiado, y no estaba siendo en absoluto fructífera. Probablemente sería necesario tratar el tema ante el Tribunal Celestial, vista la reticencia de las dos entidades a pactar un acuerdo…

– Basta, ¡basta! No podemos perder más tiempo con vuestras disputas -bramó Kraken. Hidra y Yinglong le miraron con resentimiento-. Dejad vuestras ansias asesinas para otro momento, y pasemos al siguiente punto de la agenda. ¿Algo que objetar?

Coyote retuvo a Hidra, evitando así que pudiese extender aún más la informal reunión.

– ¡Hrummm! Bien, el siguiente punto tiene que ver con… la cuestión del Comepiedras Volador.

El murmullo alterado de cientos de criaturas sacudió el templo en el que se hallaban reunidas. Muchos habían oído ya los rumores de que Kraken, anciano entre todos ellos, se había interesado personalmente en el caso del Comepiedras. Para otros se trataba de una peculiar sorpresa. Para casi todos ellos era un poco indignante.

– ¡Silencio, por favor! Para los que no estén al tanto del caso, lo resumiré rápidamente: de entre todos nosotros, sólo unos pocos han estado alguna vez en peligro de desaparecer del Reino Celestial. Por alguna razón, uno de ellos es el Comepiedras. Como sabéis todos los que habéis tratado con él, es un ser tímido, elusivo, incluso huraño. Por todo lo que sabemos, nos odia y no quiere saber nada de nosotros. Pero los que lo habéis observado habréis visto que cada vez está más famélico…

Las criaturas discutieron durante horas, enarbolando todo tipo de argumentos a favor y en contra del caso. En medio de la agitada multitud, una criatura sencilla yacía sentada y cincelaba con precisión una roca, dándole la forma de una pequeña montaña. Se trataba de un ser humano. Una adición muy reciente a la Jerarquía Celestial y normalmente menospreciado por el resto de las criaturas.

Súbitamente, el ser humano se puso de pie, pidiendo así la palabra. Las miradas de asombro del resto de las criaturas se fueron tornando en paternalistas, o incluso miradas de desprecio por parte de aquéllos que siempre habían sido opuestos a la entrada del ser humano en la Jerarquía. El ser humano era una criatura de emociones fuertes y carácter fluido, y les devolvió sin miedo la mirada de desprecio.

– ¿Cómo podéis, vosotros que os llamáis sabios, estar tan ciegos ante algo tan obvio? Decidme, habéis intentando alimentar al Comepiedras, ¿verdad?

La indignación de las criaturas era palpable ante la osadía del ser humano. Por supuesto que lo habían intentado.

– Y bien, ¿cómo lo habéis hecho?

Lanzándole piedras, está claro.

– ¿Y acaso no se os ha ocurrido que lo que vosotros entendéis como alimentarle, él lo interpreta como un ataque? ¿No os deja ver vuestro orgullo que cada uno tiene un punto de vista diferente sobre las cosas y que, en lugar de pensar que le hacéis un favor, piensa que queréis espantarle para que se aleje de vosotros? ¿Cómo os sentiríais si os tirasen vuestra comida, en lugar de ofrecérosla?

El templo quedó totalmente en silencio.

– Seguid perdiendo el tiempo con discusiones absurdas. Yo tengo un amigo al que hacer un regalo.

Acariciando la piedra tallada, una auténtica obra de artesanía, el ser humano abandona el templo ante la mirada confusa de las criaturas.

PD: Dedicado a Rakel y a todas esas horas pasadas escuchando el chiste de la v… el chiste de las llamadas nocturnas inoportunas…

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Gil

Si hubiese sido capaz de sentir alguna emoción, habría sido indignación. Pero su trabajo no permitía ningún resquicio por el que pudiesen colarse juicios de valor, y su personalidad reforzaba este status quo. Sin duda, otra persona más débil se habría quebrado hace ya tiempo frente a la interminable cadena de atrocidades, injusticias y miserias que él tenía que presenciar día tras día. Era una ironía que él precisamente fuese la persona ideal para este trabajo.

– Aquí, toma un par de holos desde este ángulo -señala al fotógrafo del departamento-. Quiero poder analizar en VR el alcance de las explosiones secundarias.

– Claro, Gil.

Se mueve con cuidado entre los escombros del colegio, evitando perturbar cualquier prueba que pueda ser útil en la investigación sobre la masacre. En el fondo Gil es consciente de que ésta no revelará nada que no sepan ya: cinco misiles Retribution lanzados desde un edificio abandonado, modificados con cabezas de fragmentación para causar más daño… y utilizados contra un colegio de primaria a la hora de las primeras clases de la mañana. Una presa fácil, peones en otra más de las absurdas y sanguinarias guerras de bandas que sacuden desde hace años la ciudad.

Cerca de los restos ennegrecidos de la ventana por la que penetró uno de los misiles, yace el cadáver de uno de los niños, totalmente carbonizado.

– Matt, quiero una toma completa de esta zona. Visible, infrarrojos, medidas de radiación, nanos, todo.

Matt registra los holos de la escena del crimen con manos temblorosas. Gil quisiera poder sentirse igual, conmovido por la masacre. Pero en su mente sólo había cabida para la investigación. La emoción de la caza, cazador y presa. Un escenario que llevaba miles de años repitiéndose. Sólo que en estos casos el cazador debía usar su cerebro y la tecnología en lugar de una lanza, y la presa era una abstracta organización criminal en lugar de una gacela. En el fondo seguía siendo el mismo baile ancestral, el de la vida, y el resto de los añadidos no eran más que disfraces causados por la estupidez del hombre.

– Mira, este misil impactó lejos de los otros cuatro, y la zona fue más dañada… Los otros debían ser un cebo.

– Un cebo que mató a quince niños y dos adultos… -responde Matt sacudiendo la cabeza.

– Sí. Pero el objetivo era esta niña. Un holo completo. Y mándaselo directamente a Central. Que corran al menos su dentadura contra el registro, así sabremos quién es. Creo que el resto está más allá de cualquier reconocimiento…

La caza ha comenzado.

Un texto para el Cuentacuentos

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