Archive for April, 2009

Sólo un café

– Yo sólo quería un café y ¿ahora resulta que su destino está en mis manos?
Aww, venga, no seas aguafiestas. Sigue la corriente, ¿ok?
– De acuerdo, de acuerdo -digo suspirando. A mi alrededor, la acción cobra vida de nuevo.

El gánster tiene agarrada a la mujer rubia, que me mira con ojos aterrados. Yo apunto al hombre con mi revólver de seis balas. El resto de los clientes del café nos observan con miedo. Supongo que no es una escena que pueda verse todos los días.
– ¡Suéltala! -grito al gánster.
– No, tira el arma. Tira el arma o te juro que le vuelo la tapa de los sesos -encañona con su propio revólver a la rubia. Veo en su mirada que no es un farol. Realmente no le importa en absoluto la vida de la mujer. Me sonríe con una mueca de obvia locura, seguro de que su escudo humano le mantendrá fuera del alcance de la ley.
– Siempre fuiste un blando, Harry -dice, escupiendo hacia un lado.
Sigo manteniendo el revólver apuntado a la cabeza del gánster. Súbitamente, modifico mi puntería y apunto a la cabeza de la rubia. Sus ojos se abren como platos, pero el tiempo que tiene para reaccionar antes de que apriete el gatillo y esparza sus sesos por la barra del bar es mínimo. El gánster dispara asustado en cuanto oye la detonación de mi arma, pero le dispara a ella también. En ese tiempo de respuesta mis reflejos son más que suficientes como para efectuar un segundo disparo, esta vez sobre la cabeza del gánster. Sus dos cuerpos sin vida caen inertes al suelo.

Una vez más, la acción se congela a mi alrededor.

¿Eso te parece a tí seguir la corriente? ¡Lo has estropeado!
– Mira Joan, esto no puede ser. La escena no es creíble…
¿Qué? ¡Pero si he cuidado al mínimo todos los detalles!
– No es verdad -me quito las gafas VR y los guantes hápticos, y miro a Joan a los ojos-. Mira, hay muchos detalles que fallan. El revólver, sin ir más lejos.
– ¿Qué pasa con el revólver?
– Joder, Joan, era un Colt Python. Un modelo del 55. Y la Ley Seca la abolieron en el 33. ¿Qué coño hace un detective con ese revólver, en esa época?
Joan se mantiene en silencio. Obviamente no ha investigado lo suficiente. Por otra parte, por eso depende de mí para probar sus simulaciones. Nadie me supera en la atención a los detalles.
– Y tendrías que trabajar más la trama. Mira, el rollo del gánster, no está mal. Pero es un cliché. Entras en un café, ¿y la vida de una rubia cañón está de pronto en tus manos? Tú puedes hacerlo mejor…
Joan se lleva la mano a los ojos, cansado después de tantas horas trabajando en su simulacro. Rodea la mesa esquivando los cables que cuelgan tras su ordenador y rodea mi cintura con sus brazos.
– Tienes razón, Samantha, siempre tienes razón… Algún día seré tan bueno en esto como tú. Mientras tanto, sigue ayudándome, por dios…
Le sonrío y le doy un beso tierno. Me parece un intercambio justo. Yo le enseño lo que sé sobre VR, y él me mantiene feliz.
– Venga, enséñame esas escenas…

Un texto para el Cuentacuentos

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¿Y si te regalo el Sol?

Estimados colegas escritores. Ayer recibí en mi buzón una carta. No sé si alguno más la habréis recibido también. Todos sabemos que los sistemas de correos tienen ciertos problemas -más que nada de simple logística- para manejar las cartas que vienen de ciertos destinos. Teniendo en cuenta de dónde viene ésta, no me extrañaría que muchas copias se hayan quedado por el camino o, al menos, que todavía estén en tránsito. En cualquier caso, creo que es mi deber moral haceros saber a todos el contenido y el espíritu de la carta. Dice así:

“Amigos escritores

Después de mucho tiempo de callar y tragarme mi rabia, he visto totalmente necesario pediros que dejéis de utilizar mi nombre en vuestras obras. La verdad es que al principio me halagaba, y me sentía orgullosa de que todo el mundo me nombrase. Esto duró hasta que me di cuenta de que lo único que utilizabáis de mí era el nombre: Que nunca me dedicabáis un triste texto y que siempre me comparabáis con alguien para resaltar SU belleza, nunca la mía. Y, ¿qué queréis que os diga? Estoy harta. ¿Es que sois tan inútiles que no podéis encontrar otra forma de hacer vuestras cursis metáforas? Os lo voy a dejar bien claro: si vuelvo a ver una referencia a mí sin tener antes mi permiso explícito, de forma escrita, lo siguiente que recibiréis no será una carta, sino una llamada de mis abogados.

Firmado:

La Luna”

Visto que yo mismo he sido culpable de esto, y que hay una persona en concreto a la que un día le dije que le regalaría la Luna… Debo preguntar:

¿Y si te regalo el Sol?

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Jaque Mate

Alfil blanco de F1 a C4. Ella me mira por encima del tablero y sonríe con esa sonrisa pícara que tanto me gusta. Mira las piezas, consciente de su decisiva ventaja. Caballo negro de G8 a F6. Mueve su caballo negro con fingida elegancia, guiñándome un ojo. Dama blanca de D1 a F3. Cada vez me cuesta más centrarme en el juego, decidir los siguientes movimientos con estrategia cuando sus ojos de cristal bruñido me miran juguetones. Alfil negro de F6 a E4 y peón blanco capturado. Capturado, igual que yo llevo capturado más de media hora por su preciosa carita blanca y por la forma en la que me mira. Es mi turno de sonreir.

Ha sido demasiado atrevida al querer capturar a ese peón, y no ha visto el hueco obvio entre sus defensas. Cualquiera que mire ahora el tablero lo ve con claridad. Dama blanca de F3 a F7, peón negro capturado y jaque mate al rey del contrincante. Lentamente, muevo mi dama y golpeo ligeramente la pieza de su rey, hasta que cae y choca contra el tablero con un sonoro “clic”.

Apoya su cara en sus manos y su boca me dice que no he ganado. Aunque he vencido a su rey, la verdadera batalla era la que se desenvolvía por debajo de la mesa, y esa es una batalla que sólo se podrá continuar bajo las sábanas de su cama.

Jaque mate.

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