Archive for August, 2009

Unbestimmtheitsrelation

-Doctor Delmar, hay algo que me inquieta.

El Doctor levanta la vista por encima de sus gafas de montura fina. Arthur está proyectando una imagen dentro de su espacio virtual. Aunque el Doctor ha indicado a todo el mundo que no desea ser molestado -lleva posponiendo demasiado supervisar la tesis de uno de sus más destacados investigadores-, ese tipo de advertencias no suelen funcionar con Arthur. Es extremadamente impaciente y curioso. ¿Quién habría supuesto que una inteligencia artificial podría desarrollar esas facetas tan humanas?

-Buenos días, Arthur. Dime, ¿qué te preocupa?

-He estado esta noche revisando 45.000 bases de datos relacionadas con la historia de la civilización de Tartessos…

-Arthur, por favor, ve al grano, estoy ocupado -Clayton es generalmente bastante permisivo con las elucubraciones de Arthur, pero hoy no es buen día para irse por las ramas, y Arthur tiene una tendencia increíble a divagar.

-Sí. He observado que la capacidad de transferencia de información y la asimilación de conceptos contenidos en las bases de datos es al menos un 34,5% inferior a la capacidad óptima. Como consecuencia de esto, se producen interrupciones no periódicas de hasta 15 milisegundos, que debo emplear en tareas de mantenimiento y autodiagnóstico o, en su defecto, en actividades no…

-Espera. Arthur, ¿quieres decir que hay algo mal en las bases de datos? -sin duda esto se trata de un problema de categoría urgente. Las bases de datos que Avalon S.L. contrata para el uso de Arthur son privadas, de una calidad supuestamente impecable, y de un precio astronómico. Si estuviesen fallando, habría que atajar el problema de forma inmediata.

-Sí, Doctor, he observado dos problemas principales en las bases de datos. Permítame que descargue a su espacio virtual algo de información al respecto -dos iconos de archivo tridimensionales aparecen flotando sobre el escritorio virtual del Doctor Delmar.

-El primer problema es trivial, y puede ser resuelto con una petición a los proveedores. De las 45.000 bases de datos proporcionadas, 29.786 están en inglés, 5.478 en alemán, 4.672 en español, 1.238 en francés…

-¡Arthur!

-Disculpe, Doctor Delmar. En resumen, aunque soy capaz de entender las traducciones de todos los idiomas presentados, he observado que existen diferencias marcadas entre ellos, así como derivaciones culturales. Comprender estas diferencias representa una pérdida de eficiencia y de tiempo de proceso que…

-De acuerdo, de acuerdo, pediré que a partir de ahora haya un equipo de traductores que se encarguen de las bases de datos… Tu tiempo de procesamiento es probablemente más caro que sus salarios… ¡Maldita Babel!

-Gracias, Doctor. Sin embargo, es el segundo problema el que más me preocupa. El segundo problema es el lenguaje en sí. Cualquier lenguaje humano es inherentemente impreciso, al haber sido creado en base a las experiencias de unos sentidos limitados. La inexactitud del lenguaje acarrea errores de comprensión que se acumulan y causan al menos el 33% de la pérdida de eficiencia que comenté anteriormente. Empeorando la situación, al menos un 17,4% de las bases de datos muestran un sesgo causado por diferentes opiniones subjetivas, y otro 13% se ven distorsionadas por secciones con un significado connotativo que difiere significativamente del significado denotativo. He llegado a la conclusión de que los lenguajes humanos, que fueron en un principio creados para retransmitir impresiones abstractas, sentimientos, sensaciones y vivencias, no son aptos para la retransmisión de información fidedigna y la descripción exacta de la realidad. A la vista de estos problemas, y de la obvia obsoletitud que presentan, sugiero modificar el lenguaje humano.

El Doctor observa la imagen de caballero medieval que Arthur ha proyectado dentro de su espacio virtual, y que utiliza siempre como avatar.

-Arthur, somos 11.000 millones de personas en este maldito planeta. En más de siete mil años de civilización, no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un sólo idioma. No vamos a empezar a hacerlo ahora. Tendrás que vivir con esa inexactitud. La incertidumbre es parte de ser humano.

Arthur tarda unos segundos en responder. Algo inusual, que sólo hace cuando una situación se escapa de lo esperado. El Doctor no puede evitar pensar que, si Arthur fuese un ser humano, ahora mismo estaría haciendo pucheros.

-Doctor, los seres humanos presentan demasiadas limitaciones. Deberían crear una nueva versión.

Este texto, más que inspirarme, es que se lo he robado casi íntegro a Raquel. Así que te lo dedico no al 100, sino al 150% ;))

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Curva pronunciada

Lázaro Sherman es de esas personas que besa a la muerte en la boca con los ojos bien abiertos.

Conduce el Audi R8, con un cigarrillo en la mano izquierda, soltando las cenizas por la ventanilla abierta. El coche va a más de 100 Kilómetros por hora en el estrecho camino de montaña, pero a Lázaro no le importa. El riesgo fue robar el coche y hacerlo arrancar en medio de las calles de Zürich. Comparado con eso, cualquier otra temeridad resulta nimia.

Por otra parte, la policía no es lo más peligroso que le estará pisando los talones ahora mismo.

Los neumáticos del deportivo chirrían y derrapan en una curva cerrada, tomada a más velocidad de la que debería haber sido tomada. Tira el cigarrillo a la carretera y agarra el volante con ambas manos para no perder el control del coche.

Un coche estupendo, todo hay que decirlo. Lázaro siempre había pensado que un deportivo con la suspensión tan baja sería ideal para quemar neumáticos en en puerto de montaña, pero nunca había tenido la ocasión de comprobarlo.

Su teléfono móvil suena y lo descuelga inmediatamente. Esperaba esta llamada.

-Sí -una pausa-. Una cabaña. ¿Y el coche? Ok.

Tira el teléfono en el asiento del copiloto. Debía haberlo supuesto. El precioso deportivo acabará en el fondo de un lago, la manera más segura de que se pierda de vista. Y él tendrá que pasar varios días escondido en una cabaña infecta, hasta que su pista se enfríe.

A veces Lázaro desearía que el trabajo de espionaje fuese más parecido al de James Bond.

dscn5176

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La canción de los condenados

-Me aburro.

Sus propias palabras le sorprenden. Se mueve inquieto en su trono de obsidiana, y las calaveras de varias almas condenadas bajan rodando por la empinada escalinata. Es una sensación extraña, que no comprende. En tantos millones de años desde la Caída, jamás había sentido algo parecido al aburrimiento.

Al pie del trono, Azazel y Beelzebub le observan con miedo, reverencia, y… algo nuevo. Una mueca de duda casi indetectable en sus colmillos ennegrecidos. Cualquier otro día, tal insolencia significaría un viaje seguro a los pozos de torturas, pero hoy no…

Aburrimiento. La propia palabra tiene un sabor extraño en sus labios. Los milenios han sido prolíferos, llenos de almas a las que torturar, mortales a los que pervertir y planes divinos que frustrar y desbaratar. No ha habido tiempo para aburrirse. Todo lo contrario, en todo caso. Pero, los últimos años…

-¿Por qué me miráis así? -brama el Príncipe del Mundo.- Venid, seguidme, os enseñaré a qué me refiero. De poco me sirven dos lugartenientes inútiles que no se molesten siquiera en entenderme.

Se levanta de su trono, forjado con el sufrimiento y la desesperación de millones de almas, y la oscuridad se arropa en su figura. Baja los peldaños y entra en una estancia lateral de la sala del trono. Algunos verían en él a un ángel de una hermosura irresistible, otros a la peor de sus pesadillas. Sus lugartenientes ven su forma verdadera, aquélla que ningún mortal puede atisbar sin perder la cordura. Se miran el uno al otro, se encogen de hombros y le siguen.

Cuando entran en la estancia, la bola de cristal oscuro que hay en su centro está mostrando ya algo.

-¿Qué veis? -pregunta con voz cansada el Señor de la Llama Eterna.

Miran a la bola de cristal mágico. Es una imagen en tiempo real de la Tierra. Un niño soldado de unos 8 años empuña un fusil de aspecto primitivo y acribilla sin miramientos a varios civiles. En su mirada no hay ni siquiera odio, sólo indiferencia. A su alrededor, un pueblo de casas de adobe y paja arde entre los gritos de sus moribundos habitantes.

Los dos demonios sonríen y exclaman algunas expresiones de júbilo, pero se sorprenden al ver que su Amo y Señor no les acompaña en la alegría. Tiene los labios apretados, y el ceño fruncido.

-Veo que no lo habéis entendido. Dejadme que os muestre algo más.

La vista de la esfera vidente cambia. Es una calle oscura, un callejón inmundo escondido dentro de una ciudad sofisticada y moderna. Una chica de unos veintitantos años, vestida con ropa ajustada y escasa, con el rimmel corrido y la mirada vidriosa, vende su cuerpo demacrado para poder permitirse otra dosis de heroína. A sus espaldas, su chulo -y camello habitual- se pregunta cuánto más aguantará, y si al final de esta noche tendrá fuerzas suficientes para hacerlo también con él.

La imagen vuelve a cambiar. Dos hombres de aspecto desgarbado conducen un camión destartalado. Su equipaje: unos pocos cientos de DVDs que contienen material de pornografía infantil, parte de una red que mueve miles de euros cada año, y destruye la inocencia, la infancia y las almas de varias decenas de niños inocentes. Cruzan la frontera entre dos países europeos. El guardia de la frontera les detiene, pero varios billetes de 500 € cruzan de manos -no habrían arriesgado cruzar la frontera si el guardia no estuviese en el ajo-.

Azazel y Beelzebub se miran confundidos. Aunque llevan años junto a su Maestro, aún están muy lejos de su supremo intelecto. Sólo Azazel se atreve a hablar, tartamudeando de miedo.

-Pe… pero Señor. E… esto que nos muestra… ¡es perfecto! Nuestros planes han funcionado. ¡Los hombres son cada vez más malvados, más sanguinarios! ¡Sus almas son nuestras!

El Rey del Abismo brama con furia y tira la bola de cristal al suelo, donde se quiebra y estalla en mil pedazos. Coge del cuello con su musculoso brazo a Azazel y le golpea contra la pared, manteniéndole allí.

-¡Estúpidos! Sólo os habéis quedado con la imagen. ¡No habéis sido capaces de ver lo que hay detrás! Sí, los seres humanos son cada vez peores. ¿Y qué? ¿Recordáis las Cruzadas? ¿Recordáis la Inquisición? ¿Recordáis lo que nos costó tentar a esas mentes frágiles? AQUÉLLO fueron logros. Pero decidme, ¿quién de nosotros ha hecho nada por conseguir lo que veis ahora?

Suelta a Azazel, que cae como un saco, perdido el aliento, al suelo, y sale de la estancia, dándoles a los dos demonios la espalda.

-Nadie. Lo han hecho ellos. Ellos solos. Ya no nos necesitan. Somos funcionarios, burócratas glorificados, sin nada más que hacer. Nos han dejado… obsoletos…

Vuelve a su trono. A sentarse y a mirar al infinito. Frustrado en su idea de que, en esencia, ya no es el mejor en lo que hace.

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Congelado

Duró esa eternidad que duran los momentos fugaces.

La plaza estaba atestada de gente. Uno de esos días en los que todo el mundo decide salir de casa al mismo tiempo, llenando las aceras de historias y aventuras cotidianas. Pero sus ojos fueron indiscretos, y no tuvieron ningún reparo en encontrarse entre la multitud y cruzar el calor de sus miradas. Atravesaron la plaza como moviéndose entre arenas movedizas y, cuando estuvieron el uno frente al otro, sobraron todas las palabras.

La gente pareció ralentizarse. Los coches ya no avanzaban en las calles, e incluso el aire hizo por congelarse y dejar de soplar. Protegidos del gentío por una burbuja que sólo existía en sus mentes, hicieron lo imposible: detuvieron el tiempo con sus labios.

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