Archive for September, 2009

Noches claras de días oscuros

Tiene frío. Uno de esos fríos que parecen taladrar la piel y hundirse entre los huesos, mordiéndolos con hambre. Y tiene miedo. Le gustaría ver qué hay a su alrededor, pero sólo hay oscuridad. Es una oscuridad profunda, de las que nublan los sentidos, casi palpable.

El viento sopla a través de alguna ventana entreabierta, o valla de madera, en el patio, creando un sonido oscilante que se asemeja al agua corriente de un río. Cuando el viento sopla así, recuerda su infancia y el lugar donde nació, y la nostalgia se une al frío y al miedo. Lo único que querría sería ser libre, volar lejos de allí, alejarse de esta prisión.

Y, en la oscuridad, confuso por no entender lo que le rodea, sin saber qué otra cosa hacer, canta. Canta con suavidad, una melodía musical y alegre, que sea capaz de disolver todos los miedos, ahuyentar todas las oscuridades y calmar cualquier frío.

 

 



 

 

Silvia se despierta en su cama, en una habitación que da al patio, a las 3 de la mañana. El aire mueve con suavidad las cortinas de su ventana entreabierta, y la luz de la luna y las estrellas ilumina con un brillo tenue pero cálido las formas indistinguibles del cuarto.

Silvia sabe que sus vecinos tienen un canario, de colores amarillo y verde, con una franja marrón a lo largo de la espalda. Le tapan con un paño negro por las noches, y el pobre pájaro, desorientado, canta por la noche como si ya fuese de día. A Silvia le gustan estas noches. El viento juega con la valla del patio, evocando un sonido de la naturaleza, como el agua de un río fluyendo plácidamente. Cuando se despierta así, siente que es más de día a media noche que por el día verdadero.

Arropada por la calidez de esa sensación, Silvia se duerme de nuevo.

 

Gracias a Silvia por la idea, aunque vaya a odiar lo que le hice al puto canario 😛

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Nunca te dije

Nunca te dije por qué me atreví a sonreírte aquella noche. Algunos dirán que fue algo inevitable, como el choque entre dos trenes que se acercan en sentidos opuestos por la misma vía. Otros dirían que hay veces en esta vida que sabes que no eres más que una marioneta del destino, colgando de unos cables que te llevan a donde ellos quieren. También habrá quien diga que fue una reacción normal, previsible.

¿Por qué siempre hay gente que disfruta aplastando el libre albedrío, ahogándolo bajo el peso asfixiante de sus prejuicios?

Apareciste en ese bar como un soplo de aire fresco -no menos agradable aunque hubiese sido esperado-. Levantaste tal revuelo con tus ojos brillantes, tal nube de polvo, que todos mis sentidos quedaron irremediablemente atrapados. Fue un huracán de interés, un tornado bajo cielo despejado.

No hubo nada de inevitable, nada de previsible, nada de predestinado en la sinceridad de mi sonrisa. Fue tan simple -y tan complicado- como que tú fuiste su horma. Fuiste la forja donde se fundió y se derritió bajo el fuego de tu mirada. Fuiste el nido con cuyo calor eclosionó plácidamente.

No pude sino sonreír.

Un texto para el Cuentacuentos

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Mariposas

-Como podéis ver, la cara superior del esfenoides presenta en la línea media una cresta, la cresta esfenoidal, que termina aquí en una punta llamada proceso etmoidal del esfenoides, porque aquí articula con el etmoides. Luego, a los lados de la cresta veis una superficie lisa semicóncava que se llama el yugo esfenoidal. Ahí articula la lámina papirácea del etmoides. Si os fijáis, lo bueno de los huesos de la base del cráneo es que se ve claramente cómo y dónde articulan entre sí, son como las piezas de un puzzle. Aquí también podemos ver…

Sandra hace garabatos con el boli rojo en el margen de sus apuntes. A veces se dedica a hacer dibujos, otras veces caricaturas de los profesores. Esta vez son garabatos sin forma ni sentido, como los que dibujas cuando estás distraído hablando por teléfono. Tiene demasiadas cosas en la cabeza como para escuchar realmente a la profesora. Tal vez ni siquiera debería haber venido a clase. Días así es mejor quedarse durmiendo.

Y, por más que la profesora hable de articulaciones y crestas, ella sólo ve una mariposa.

-En este surco, el canal óptico esfenoidal, o surco quiasmático, es donde se aloja el quiasma de los nervios ópticos, mientras que en este nicho, la silla turca, por la forma curvada que tiene, se aloja la hipófisis, que está situada dos centímetros por delante y dos por encima del meato auditivo interno. Dorsalmente la silla turca está limitada por la lámina cuadrilátera del esfenoides, que en sus ángulos superiores presenta unos salientes denominados apófisis clinoides posteriores, como podéis ver aquí. A ver, ahora esta transparencia es la de la cara inferior…

Mariposas. ¿Por qué no? Algunas culturas antiguas interpretaban el alma humana como mariposas. Etéreas y diáfanas. Ha leído en algún sitio sobre un mito griego, de los que lees de pasada y olvidas a la mañana siguiente. ¿Eros? No, era otro dios… Ah, Psyche. En griego, Psyche significaba a la vez mariposa y alma. Del resto del mito ya no se acuerda. Habría sexo, y violencia, como en todas las historias de dioses griegos, y al final la historia acabaría con una moraleja, pero de los detalles se acuerda lo mismo que mañana se acordará de los nombres de los malditos surcos del hueso mariposa.

-…aquí se articula con el borde superior del vómer, que tiene forma de ángulo diedro, y se constituye así el canal esfenovomeriano medio, comprendido entre la cresta y el fondo del canal vomeriano. A los lados de la cresta inferior podéis ver unas superficies lisas de forma triangular con base interna, que forman la parte mas posterior del techo de las fosas nasales.

En el fondo tiene sentido, ¿no? Puede imaginarse la sorpresa de los antiguos griegos, observando un cráneo humano y viendo que, en su interior, tiene una mariposa. “¡Eureka!”, exclamarían, a lo Arquímedes, “hemos encontrado el alma”. Una pequeña mariposa en el centro de la cabeza. El hueso del alma.

Una cosa tiene clara. A la siguiente clase no va a ir. Ella sí que tiene mariposas en la cabeza…

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