Lex talionis


El teléfono suena en medio de la noche, desgarrando el tejido de la oscuridad con su lamento insistente. Él coge el teléfono. Por su voz puede ver que ella ha estado llorando, y que hace auténticos esfuerzos para controlarse.

– Le he… le he matado… le he matado -dice entre sollozos entrecortados.

Él simplemente asiente. No le sorprende en absoluto. De hecho ya se lo esperaba, no era más que cuestión de tiempo. Deja que la chica hable más.

– No podía… no podía soportarlo más. Ayer…

De nuevo vuelve a deshacerse su voz en jirones, rotos por el llanto y la histeria. Él intenta calmarla con una voz segura y firme, pero la situación se encuentra mucho más allá de cualquier calma que puedan imponer las meras palabras.

– Ayer me empujó contra la encimera de la cocina. Creo… creo que me rompió una costilla. Tengo todo el pecho morado e inflamado… ¡el dolor es horrible! Cuando me caí al suelo no dejaba de darme patadas y de llamarme puta… Dios, fue horrible… No podía… ¡no podía más! Le dejé emborracharse… Mezclé varios medicamentos que encontré en una página francesa y los eché en el whisky… Dios, Marc, ¿qué he hecho? ¿Qué he hecho? Le he matado…

El hombre promete que se acercará de inmediato a su casa a verla. Intenta tranquilizarla de nuevo, sin éxito, y cuelga el teléfono.

Lo que queda de noche será largo. Besa a su mujer, que sigue dormida aún tras la conversación telefónica a su lado, le deja una nota y se viste para salir cuanto antes de casa. Coge las llaves de su coche. Por suerte, se conoce bastante bien el camino que lleva a la casa de su difunto hermano.

  1. #1 by Brujita - March 12th, 2009 at 09:00

    duro, pero tristemente muy real

    besnies embrujados

  1. No trackbacks yet.

Comments are closed.