Cinco Historias


El escultor prepara con destreza su estilete y su tablilla de arcilla. Sabe que su trabajo es de la máxima importancia. Los sacerdotes del Templo de Eridu dependen de su destreza para marcar de forma duradera las hazañas de los sirvientes de Enki. Consciente de esta sagrada misión, imprime con precisión uno tras otro los pictogramas cuneiformes sobre la tablilla. Cuando acaba su tarea, coloca la tablilla sobre un pedestal y observa con mirada crítica su trabajo, satisfecho de continuar la tradición de sus antepasados.

Callimachus pasea por la antesala de la Bibliotheca Alexandrina. Aunque tiene en la cabeza los versos de otro de sus apreciados poemas, hay algo más que lleva varios días preocupándole. La colección de la biblioteca es cada vez mayor, y resulta cada vez más difícil encontrar materiales de referencia… Paseando por el jardín, tiene una idea mientras observa volar a un par de pequeños escribanos -un nombre muy apropiado-: Si los dioses conocen el nombre y características de todas las criaturas, ¿por qué no debería el hombre hacer lo propio con sus obras?

El invierno trae el gris de un cielo húmedo y una ciudad hastiada. Inclinado sobre una pila de libros polvorientos, el bibliotecario pone orden en el caos de la vieja estantería. La niebla exterior amenaza con colarse por las ventanas cerradas, y la fría biblioteca -ya cerrada al público- huele a madera y a nostalgia. Pero el bibliotecario ama este lugar, y ama a los libros que contiene. Con un cuidado casi reverencial, baja uno de los tomos de mayor tamaño, lo abre sobre una mesa de caoba, y se dispone a desenterrar sus secretos.

El escritor teclea en su ordenador portátil. Aún recuerda los tiempos en los que usaba una limitada máquina de escribir. Al contrario que otros, abrazó con gusto la nueva tecnología. El mundo se encuentra ahora más accesible. Llegando a un punto de bloqueo, navega por Wikipedia para encontrar información sobre el sistema ferroviario búlgaro a finales del siglo XIX. Busca en el diccionario de la RAE la forma correcta de una palabra casi obsoleta. Verifica que nadie haya escrito ya un libro sobre el tema mirando en una base de datos bibliográfica y, respirando más tranquilo, sigue escribiendo.

Referencias, índices cruzados, oscuras búsquedas dentro de los rincones más aislados de la dataesfera. Dentro de su abstracto interfaz virtual, para el analista no existen fronteras. Una petición puede llevarle a la retorcida y saturada dataesfera de las arcologías niponas. La siguiente a los dominios de los ilegales nodos piratas de los nacientes estados antárticos. Lo importante para él no es la localización, sino las respuestas, los datos, la omnipresente información. Oliendo como perro de caza la firma digital de uno de sus resultados, se lanza a través de la red para atrapar a su presa.

Un texto para el Cuentacuentos
  1. #1 by Dama_Blanca - March 20th, 2009 at 15:30

    Me encanta la forma que tienes de narrar, sinceramente. Como entrelazas las palabras y expresiones, se hace tan fácil de leer…

    A mí me resulta muy cálido y familiar el -como bien dices- olor a madera y a nostalgia de las bibliotecas, de cada libro que todo escritor ha devorado para llegar donde está.

    Y a riesgo de repetirme, me ha encantado.

  2. #2 by Brujita - March 22nd, 2009 at 17:08

    ne encantan las bibliotecas, sus oleres, sus “ruiditos”… su atmosfera… me has trasportado a una de ellas. Precioso texto

    besines embrujados

  3. #3 by Sandrine - March 22nd, 2009 at 23:17

    Me ha parecido introducirme en la biblioteca de tu relato y observarlo todo desde una cercanía que sólo esas palabras le han podido otorgar.

    Enhorabuena!

    Besos!

  4. #4 by Sarg - March 24th, 2009 at 11:31

    Gracias a todas!

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