Punto de Inflexión


¿Podéis sentirlo? ¿Lo notáis a nuestro alrededor? El aire parece temblar con exaltación, inquieto e inseguro como una joven virgen en los brazos de su primer amante. Es como el olor a ozono que hay justo antes de una tormenta eléctrica, en medio del verano. Es el olor de las posibilidades, el olor de las cosas que jamás ocurrirán y de las nuevas que vendrán a tomar el relevo. Un olor que no es ni dulce ni amargo. Un olor que llega al cerebro sin pasar por la nariz.

Llegará en cualquier instante. Puedo sentirlo. Tal vez algunos de vosotros también seáis conscientes de su llegada. Sé que muchos no lo son. No sienten la forma en la que el mismo espacio vibra exultante. No son capaces de ver el aura invisible que recubre toda la existencia cuando llega el momento. No pueden oir los suspiros de lujuriosa agonía del viento. Son inmunes a cómo la realidad se retuerce sensualmente sobre sí misma para dar lugar a una realidad nueva…

Está muy cerca, muy cerca. Es el cambio, pero es mucho más que un cambio. Es el punto de inflexión. El apoyo de la palanca. El centro de gravedad. Es el instante a partir del cual todas las cosas serán distintas, todas las reglas obsoletas, todas las costumbres olvidadas.

Y está cerca. Me lo ha susurrado el viento.

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