Jaque Mate


Alfil blanco de F1 a C4. Ella me mira por encima del tablero y sonríe con esa sonrisa pícara que tanto me gusta. Mira las piezas, consciente de su decisiva ventaja. Caballo negro de G8 a F6. Mueve su caballo negro con fingida elegancia, guiñándome un ojo. Dama blanca de D1 a F3. Cada vez me cuesta más centrarme en el juego, decidir los siguientes movimientos con estrategia cuando sus ojos de cristal bruñido me miran juguetones. Alfil negro de F6 a E4 y peón blanco capturado. Capturado, igual que yo llevo capturado más de media hora por su preciosa carita blanca y por la forma en la que me mira. Es mi turno de sonreir.

Ha sido demasiado atrevida al querer capturar a ese peón, y no ha visto el hueco obvio entre sus defensas. Cualquiera que mire ahora el tablero lo ve con claridad. Dama blanca de F3 a F7, peón negro capturado y jaque mate al rey del contrincante. Lentamente, muevo mi dama y golpeo ligeramente la pieza de su rey, hasta que cae y choca contra el tablero con un sonoro “clic”.

Apoya su cara en sus manos y su boca me dice que no he ganado. Aunque he vencido a su rey, la verdadera batalla era la que se desenvolvía por debajo de la mesa, y esa es una batalla que sólo se podrá continuar bajo las sábanas de su cama.

Jaque mate.

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