Protagonista


Él es el bufón más alegre de la corte, el que hace reir a todos con sus cabriolas y sus malabarismos. Día tras día, entretiene al Rey, que es su amigo y confidente más que su superior, con una genuina sonrisa en sus labios. Pero por la noche, el bufón suspira con gran pesadumbre, pues su corazón pertenece por completo a la Reina, y sabe que no hay nada que pueda hacer para que le corresponda. Un día, un grupo de revolucionarios llevan a cabo un violento golpe de Estado, el Rey es depuesto y el bufón no vuelve a saber nada de la Reina. El resto de su vida se dedica a actuar como mimo callejero, añorando los viejos tiempos. Él no es el protagonista.

El soldado ha luchado en todas las trincheras, desde Gallipoli a Flandes. Sus botas están rotas y remendadas, cubiertas de barro. Una noche, se permite un pequeño descanso entre dos ataques enemigos. El olor de la muerte le rodea mientras enciende el último cigarrillo que ha podido conseguir. Lo habría compartido con sus amigos, pero todos han caído en el último bombardeo. Harto de la guerra sin sentido, mira al cielo y sueña con su casa, tan lejana en el tiempo y el espacio… El bombardeo enemigo empieza antes esa noche, y un proyectil de mortero acaba con la vida del soldado casi de forma inmediata. Él no es el protagonista.

La abogada repasa una y otra vez su caso, ahogada en una montaña de papeleo. Lleva semanas esforzándose de forma inhumana, sin hacer otra cosa que trabajar día y noche, para tener cada detalle controlado, cada factor medido. No puede permitirse ni un sólo fallo en el juicio, o perderá el caso. Su carrera no puede permitírselo. Sabe que es buena, sabe que es la mejor, pero eso no basta. Debe demostrárselo a los demás. El juicio, sin embargo, resulta ser un fracaso estrepitoso. El resto de su carrera profesional se ve relegada a casos de segunda categoría. Ella no es la protagonista.

El conductor de camión observa pasar los árboles uno tras otro al lado de la carretera, de forma casi hipnótica. Es un viaje cualquiera, llevando una mercancía cualquiera, entre dos ciudades cualquiera. Horas de monotonía, aburrimiento y soledad. No es que para él sea algo negativo. Al contrario, disfruta de estas horas de tranquilidad en las que puede pensar y divagar en paz. Su vida es tan rutinaria como él siempre había deseado, sin sobresaltos, sin sorpresas desagradables. Otro árbol más, idéntico a los mil anteriores, pasa al lado del camión. Él no es el protagonista.

Si ninguno es el protagonista, ¿qué es lo que nos hace pensar, constantemente, que nosotros sí lo somos?

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