Donde se confunden relojes con lunas


Donde se confunden relojes con lunas“. Fue la última frase que le dejó, garabateada sobre un fragmento de papel arrugado y amarillento, aparentemente arrancado de una vieja agenda. Eso, y una fecha, “Cuando el tiempo marche hacia atrás”. Le dejó la nota y desapareció de su vida.

Muchas noches se despertaba, inquieto, y cogía febrilmente la nota que reposaba en la mesilla al lado de su cama. Le daba una y mil vueltas en sus anchas manos, leyendo una y otra vez las palabras escritas en ella con tinta negra. En sus sueños, creía haber resuelto el acertijo, creía haber descifrado qué significaba la nota. La hora y el lugar de la cita dejaban de ser abstractas y se convertían en algo concreto, aunque cada noche cambiaban: a la orilla del mar, sobre el puente del río, mañana al atardecer, en el centro de la ciudad, la semana que viene… Invariablemente, la solución se desvanecía al despertarse, como muchas veces ocurre con los sueños agitados, dejando sólo un poso amargo y frustrado. En otras ocasiones, la solución que tan obvia y razonable había parecido en sueños resultaba absurda al despertarse. Siempre volvía a dormirse con una sensación de que algo se le estaba escapando.

La cita continuaba siendo la misma, “Cuando el tiempo marche hacia atrás, donde se confunden relojes con lunas”. Llegó a convertirse en una obsesión, algo que ocupaba e invadía por completo sus sueños.

Una noche de tormenta se despertó una vez más, sobresaltado, interrumpidos sus sueños por el sonido de un trueno. Algo parecía distinto, como si las furiosas descargas eléctricas de la tormenta diesen un aire especial de realidad a la noche. Alargó la mano para coger la nota… y no la encontró.

Tras la alarma inicial, comprendió que el único lugar donde los relojes se habían confundido con lunas, el único lugar donde el tiempo había marchado hacia atrás, eran sus sueños. Comprendió que ella desapareció de su vida, pero que jamás dejó ninguna nota. Comprendió que la cita fue en la calle Luna, número 24, hacía diez años, y que nunca hubo otra.

Y por fin pudo volver a dormir tranquilo.

Un texto para el Cuentacuentos
  1. #1 by Croc - May 4th, 2009 at 15:26

    Interesante relato con toques oníricos 🙂

    ¿Y si simplemente perdió la nota? ¿Y si aún no ha resuelto el acertijo? ¿Y si ella aún sigue esperando en sus sueños cuando se vuelva a dormir?

    Agradable sorpresa haberte leído y pena por no haberlo hecho antes.

    Un saludo!

  2. #2 by Reithor - May 5th, 2009 at 04:29

    Si ya os lo tengo dicho, hay que soñar despierto para que los sueños puedan estar en el mundo real, si no… se quedan en otra parte.

    Un saludo, encantado de leerte

  3. #3 by Brujita - May 5th, 2009 at 07:56

    los sueños pueden llegar a ser muy reales y con suerte puede que hasta reales del todo…

    besines embrujados

  4. #4 by Angelical - May 5th, 2009 at 09:00

    Me encantó. Lo que cuentas y como lo cuentas. Un sueño sin sueño que te ancla al pasado… me encantó como metiste la frase inicial.

  5. #5 by Sarg - May 5th, 2009 at 12:14

    Tiendo a escribir sobre los sueños, o me parece a mí? XD

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