Bienvenido, Mr. Hyde


– Gracias por haber venido. Eres un buen amigo.

– Nada mujer, ni lo menciones. Para eso están los amigos, ¿no? Me gusta sentirme útil.

Aparte de que nadie más ha querido estar contigo, ¿verdad, zorra? No habrías tenido la cara de llamarme a mí después de tres años ignorándome si cualquiera de las hienas putrefactas que revolotean a tu alrededor te hubiese hecho caso antes. Dime, ¿cómo se siente alguien como tú al verse tan solo?

– En serio, es un detalle tan grande de tu parte el escucharme. Lo estoy pasando fatal…

– Ya me imagino, chica. Estas cosas siempre son difíciles, ¿no?

Lo estás pasando fatal… ¿Y tú qué sabes de pasarlo fatal? Niña mimada. Toda tu puta vida malgastada en disfrutar del dinero de tus papis sin importarte una mierda a quién estabas aplastando. No has sufrido en tu vida. No eres más que una pija, una barbie. Sonriendo, disfrutando de tus privilegios mientras el resto teníamos que arrastrarnos por el fango y sufrir cada segundo, sudar cada pequeño éxito… Y ahora que algo te hace daño por primera vez, vienes llorando como una cría asustada.

– Sí. Supongo que sí. Ha sido todo tan repentino… ¿Quién iba a imaginarse que iba a dejarme tirada?

– La verdad es que me sorprendió cuando me lo contaron, parecía que estabáis bien…

¡Ja! Parecía… Lo que parecía era que te esforzabas en ponerle los cuernos cada fin de semana con un semental de discoteca al azar. Debería coger este tenedor y atravesarte tu maldito cuello de mentirosa, para evitar que sigas rompiendo corazones de idiotas desprevenidos. Estaría haciendo un favor al mundo. Puedo imaginarme la sangre saliendo a borbotones de tu yugular cercenada mientras te llevas las manos a la garganta, pugnando por mantener dentro de ti esa horchata descolorida que viaja por tus venas.

– Ya sabes cómo es la vida. Un día estás bien, y al siguiente… Uff, y no te imaginas lo mal que les ha sentado en casa. Mi familia le adora.

– Bueno, no puedes dejar que eso te afecte, ¡suficiente tienes ya! La familia no puede meterse en tus asuntos.

No, no puede. Tu padre es un alcohólico que pega a su mujer. Y tu madre una arpía cotilla y retorcida. No me extraña que hayas salido como has salido, tienes un cóctel genético de primera calidad. Y al drogadicto de tu hermano prefiero ni tenerle en cuenta. Supongo que le mantienen escondido a base de dinero, como hacen con todo.

– Ya. Pero no es fácil. Sabes, lo peor… lo peor… Bueno, aún no lo sabía nadie… El caso es que íbamos a casarnos. En Marzo. Ya estaba todo planificado. Y de pronto… esto.

– Vaya, lo siento muchísimo. No tenía ni idea de que fueséis tan en serio. De verdad, lo siento.

¿Cómo te sientes al ver como todos tus planes se resquebrajan y caen como polvo al suelo? Habría sido mucho más satisfactorio que te hubiese dejado plantada en el altar. Enormes lagrimones corriendo el maquillaje en tu cara mientras el cura titubea nervioso y las hordas de invitados murmuran y chismorrean inquietos. Sublime. Creo que habría aplaudido.

– Lo sé… Yo… no sé qué hacer… Lo tenía ya todo tan claro y tan seguro… y de pronto, nada. Me siento muy sola, y desesperada. No sé qué hacer. Por favor, abrázame, necesito un abrazo. Dime que todo va a salir bien, necesito oírlo.

– Claro, ven aquí…

Todo va a salir bien. ¿Crees que decirlo va a solucionar algo? Sí, todo va a salir bien, pero no para quien te imaginas. ¿Crees que te han hecho mucho daño? ¿Crees que estás sola? ¿Crees que ya ha pasado lo peor? Déjame que te abrace. Confíate. Confía en mí. Confía en mi plenamente.

Porque un día, cuando menos te lo esperes, te aplastaré. Te destrozaré. Haré que el infierno te parezca un lugar de vacaciones comparado con tu vida. Y entonces, me pedirás de rodillas que te ayude, te humillarás, me rogarás que te ayude, como te estoy ayudando ahora. Sin saber que yo he sido el que te ha hecho caer. Y entonces volveré a hundirte en lo más profundo de la miseria, y comprenderás que todo el tiempo no has sido más que una marioneta sin cuerdas en mis manos. Y el darte cuenta de que he sido yo el que te ha destrozado será para mí la más dulce de las venganzas. Frío o caliente, da igual, la venganza es un plato que hay que servir con mucha preparación.

¿Crees que no puedo? Ya ha empezado. O, ¿quién te crees que le hizo llegar a él las fotos de aquellas noches?

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