Es culpa vuestra


Creéis que estoy escuchando, pero ya hace tiempo que dejé de prestaros atención en mi mente, gritando y arañando y maquinando y llevandoos de mi vida cada ilusión y cada fragmento de lo que me hacía ser yo y que ahora yace hechos pedazos, como ese espejo en el que te miras cada mañana y no ves más que la cara de un extraño al que te gustaría golpear y matar y desterrar para siempre para que deje de hacerte daño. Es vuestra culpa, es todo vuestra culpa. El chico de veintitantos años me trajo una pizza, una pizza con piña, ¿quién pone piña en una pizza? Es una idea tan repugnante, tuve que decirle que no la quería, gracias, y que se la llevase, que pensaba ponerle una queja y que ojalá perdiese su empleo. Fue cuando vio el cadáver de Sara a mis pies y empezó a gritar cuando no tuve más remedio que golpearle con la estatuilla de cristal que mamá compró hace quince años en Venecia y su cráneo crujió de una forma repugnante al caer como un saco al suelo, sangrando y ensuciando la alfombrilla de bienvenida que hay en la puerta y todo era tan confuso…

Es vuestra culpa porque no dejáis de gritar y arañar y maquinar y decirme que Sara no es mi madre y que nunca podrá serlo y que ya está bien de echar de menos a mamá, que debo ser un hombre y afrontar la realidad, pero no puedo, lo he intentado y no puedo, y lo único que consigo es enfadarme con Sara porque nunca podrá ser tan buena como era mamá y al final no pude más y tuve que hacer que se callase para siempre y dejase de insultarme. Y ahora es vuestra culpa porque Sara ya no se levanta aunque la grito con todas mis fuerzas y la pido perdón. El chico de veintitantos años tampoco se mueve y está manchando todo el parqué con su propia sangre, no puedo dejar de pensar que me costará mucho limpiar todo, frotando horas y horas con ese estropajo desgastado que creo guardar bajo el fregadero.

No se mueven ni hablan y ya no sé qué hacer. Tal vez mañana se muevan cuando les dé el sol sobre los ojos, entrando por las ventanas abiertas como hace todas las mañanas. Sé que a mí me pasa, estoy así como ellos hasta que amanece y el sol me hace abrir los ojos. Sí, haré eso, les dejaré descansar por la noche y seguro que por la mañana todo se ha arreglado.

Ahora me voy a la cama. A dormir y descansar y soñar y olvidar. Sara y el chico deben estar incómodos tumbados en el suelo. Es vuestra culpa.

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