El Caminante


Cuenta la Leyenda que, hace muchos años, vivía un singular bardo que dedicaba sus días a recorrer a pie los caminos entre Oxford y Reading, deteniéndose en las aldeas y granjas para deleitar a los siervos con divertidas baladas e interesantes historias. Los campesinos le conocían por muchos nombres: el Juglar, el Cuentacuentos, el Señor de las Historias. Él mismo sólo respondía a un nombre, el Caminante. Su vocación y su carácter pacífico le habían granjeado el respeto de todos en la región, y ni siquiera los bandidos se rebajaban a molestarle cuando caminaba por los senderos de tierra, con su peculiar sombrero de ala ancha, su ajado jergón y su vieja lira.

Habitaba aquellas tierras un viejo Rey, de los de corona y trono, exigente y caprichoso que buscaba cada año el más original de los presentes para su amada Reina. Había enviado emisarios a lo largo y ancho del mundo conocido en busca de aquellos tesoros pero, no importaba cuánto se esforzase, cada año la Reina cogía su regalo con desinterés y lo terminaba dejando olvidado en cualquier rincón del castillo. El Rey, desesperado en su búsqueda, había decidido acudir a nuestro Caminante tras escuchar las maravillas que de él se hablaban en todo el Reino.

Contempla tras la urna la enorme piedra perforada por una espada. Un grueso material, que parece cristal pero que solo los dioses, piensa, podrían romper, impiden todo acceso a ella. Es la atracción en toda la ciudad de Oxford. El descubrimiento de Excálibur.

– ¿Quién le habría puesto tan extraño nombre? – Se preguntaba mientras pronunciaba aquella palabra. Reconocía el tipo de escritura, sin duda la empleada en el reino, pero jamás la había visto ni escuchado.

No recuerda el tiempo que ha pasado, y desconoce que unos ojos que le mirasen no verían sino una blanca estatua de un personaje en cuyo pedestal figura el nombre de El Caminante.

Ajeno a ello, lo último que recuerda es su fatídico encuentro con Morgana camino de Reading.

Cuando de repente, tras pronunciar la extraña palabra, se halló de nuevo en medio del bosque, a pocas leguas del palacio real hacia donde se dirigía.

Mientras, muchos siglos después, en ese mismo lugar, unos vigilantes echarían en falta al abrir el museo, la estatua de El Caminante.

—Necesitamos a alguien dotado de una sensibilidad exquisita para que lleve adelante esta investigación —anunció el jefe de Scotland Yard. —No hay violencia, no hay pistas, no hay nada, sólo la certeza de que quien ha robado la estatua tan sólo buscaba esto.

La joven Alma no dudó en presentarse. Había estudiado Arqueología e Historia del Arte, se movía por círculos bohemios en los que ya corrían habladurías sobre la desaparición no sólo de la estatua blanca de El Caminante, sino de toda una serie de objetos maravillosos, casi místicos: el tesoro rechazado en su tiempo por la Reina…

—Y además, soy escritora —concluyó Alma su presentación. -¿Empezamos?

Susana apaga cansada el televisor. Recuerda que las series eran mucho más sencillas en su infancia. ¿O tal vez se está haciendo demasiado vieja? Antes todo era más simple: princesa conoce a príncipe azul en un bosque, se refugia en la casa de unos enanitos, etc. Ahora parece que cualquier trama tiene que retorcerse sobre sí misma involucrando a investigadores privados, policías forenses y persecuciones en helicóptero. Sin más ganas de sentarse a ver la televisión, se mete en la cama y se dispone a disfrutar del último libro que está leyendo.

Párrafo 1: Sarg
Párrafo 2: Sara
Párrafos 3: Nínive
Párrafos 4: Brian
Párrafo 5: Sarg

Un texto para el Cuentacuentos
  1. #1 by Angelical - June 4th, 2009 at 10:50

    Texto extraño. Si lees los párrafos por separado, parece cada uno de una historia distinta. El conjunto te va llevando de un paisaje a otro sin que sepas que situación es la “correcta”. El final es el que hace el trabajo de aunar el todo en una explicación que aporta coherencia a lo que en un principio parecen cabos sueltos. Lo dicho, un trabajo curioso.

  2. #2 by Brian - June 4th, 2009 at 11:11

    Noooooooooooooooooooooooo!!! Has usado un Deux Ex Machina como una catedral, NUNCA se debe hacer eso para resolver un relato, aunque la verdad es que había demasiadas posibilidades para continuar, pero en eso consistía, ¿no? Saludos!!
    Jose

  3. #3 by Sarg - June 4th, 2009 at 11:16

    Más que nada ha sido un Tempus Non Availabulus 😛

    Era o eso o dejarlo inacabado y tirado en mi bandeja de entrada XDD Lo siento, es que no doy más de sí estos días!

  4. #4 by Sara - June 4th, 2009 at 11:39

    Sinceramente, creo que ha sido la mejor y única forma de terminarlo. Cada párrafo contaba una historia, no había coherencia… Sarg has sabido resolver la situación con mucha elegancia, de verdad. Hubo un momento en el que realmente pensé que ibas a dejarlo olvidado.

    😉

  5. #5 by Sechat - June 4th, 2009 at 15:42

    Confieso que me he perdido por momentos con tanto ir y venir de personajes, pero me ha gustado. Rompe con toda idea preconcevida que uno pueda crearse a partir del primer párrafo.

  6. #6 by ninive - June 4th, 2009 at 19:43

    Pienso igualmente que has sabido darle el mejor final. Siento discernir con mis colegas en cuanto que pienso que los dos primeros párrafos sí que continuaban una línea, luego rota la verdad sea dicha. Y el final me gusta pero además por esa crítica que lleva consigo, muy buena, respecto a, ya en películas ya en libros, si vivimos una época de relatos de tramas y subtramas y entramados 🙂 frente a otras de literatura como reflexionaba Susana mas sencilas, que no por ello de menor calidad.

    Encantado de participar!

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