El final del arco iris


-Papá, ¿qué hay al final del arco iris?

La pregunta le pilla desprevenido y titubea. Los niños siempre hacen ese tipo de preguntas. Seguramente habrá leído en algún sitio la historia de la olla de oro del Leprechaun al final del arco iris. Su joven imaginación habrá jugado con aventuras de caballeros y princesas, reinos fantásticos y encantados más allá del alcance del día a día. Castillos en las nubes y espadas mágicas. Es una fórmula que lleva siglos funcionando, dando alas a las utopías de niños en todos los países y eras. Aunque él ya no lo recuerda, está seguro de que a esa edad también hacía preguntas parecidas a su padre.

-Hija, menuda pregunta. El arco iris no son más que luces bonitas en el cielo, nada más. No tiene principio ni final. Anda, duérmete, que es tarde.

La niña se incorpora en la cama y hace pucheros, poco convencida con la respuesta de su padre.

-No, papá, ¡el otro arco iris!

-Ah… -por supuesto.

El padre mira por la ventana entreabierta. Es verano y la casa está cálida, pero la brisa nocturna se cuela por el pequeño espacio. Aunque la oscuridad de la noche no permite apreciar la enormidad de su aparentemente infinita altura, la cadena de luces de posición de Bifröst, el ascensor espacial alumbra la ciudad desde el cielo. Millones de toneladas de nanotubos de carbono sostienen la mayor estructura jamás construida por el ser humano. En el argot juvenil de hoy en día, muchos lo llaman “El arco iris”, una traducción literal de su nombre mitológico.

-Pues… hay una estación espacial enorme. Hay mucha gente que vive allí, y se encargan de que el tráfico en el ascensor vaya bien…

-Papá -interrumpe la niña-. Cuando sea mayor, ¿podré viajar al final del arco iris?

El padre sonríe. Las cosas podrán cambiar, pero los niños siempre serán niños.

-Claro que sí, cielo, claro que sí.

  1. #1 by Yandros - June 12th, 2009 at 19:47

    Nanotubos de carbono.
    Me encanta. Yo también quiero ir al final de ese arco iris
    Un saludo

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