Las lágrimas que no lloré


“Qué absurdo es que hayan tenido que pasar tantos meses para que me haya dado cuenta de que jamás podrá haber un “nosotros”. De que lo único que hay, que siempre ha habido, y que siempre habrá, es un gigantesco “tú”. Tú, tú y tú. No sabes pensar en otra cosa. Creo que tu mente ni siquiera es capaz de entender que pueda haber algo más allá, que existen en el mundo otros intereses y otras emociones que las tuyas. Por supuesto, viéndolo desde ese punto de vista me cuadra todo. La forma en la que has jugado con mis ilusiones y mis esperanzas durante meses. Las palabras vacías que me dedicabas y que, en realidad, no eran más que un espejo deslustrado de tu propio ego… Todo tiene ahora sentido”.

Ser el malo nunca fue más difícil y, sin embargo, aquel papel arrugado demostraba que lo había conseguido. Ella ahora estaba lejos, yo solo.

No cambiaría nada de este instante aunque pudiera. El dolor, la soledad, la sensación de pérdida… son la inequívoca señal de que ella estuvo. De su mano llegó la felicidad y tras sus pies se marchó mi última sonrisa. Estas heridas son cicatrices de mi dicha, son un recuerdo perpetuo en mi alma.

Es curioso pensar que, siendo ella lo mejor que hubo en mi vida, pudiera ser yo en la suya la más terrible de las casualidades. Mi egoísmo me cegó y me impidió ver que, de cada abrazo, ella salía cubierta de miles de arañazos provocados por mis espinas. Yo era el veneno que iba matando poco a poco su corazón. No supe quererla y, por quererla demasiado de aquella manera incierta, terminé por destrozarla.

Lo comprendí todo el día que vi que ella ya no derramaba sus lágrimas por mi indiferencia. Estaba allí sentada, en la oscuridad del silencioso cuarto, aceptando mis desprecios como una parte más de mi rutina. Sentí compasión por ella. Fue entonces cuando supe que las cosas no estaban bien. No si ella sufría hasta el punto de resignarse a ello. Yo debía adorarla, no compadecerla.

Traté de ser quién no era, de intercambiar mi pobre actuación por una de sus sonrisas… pero no funcionaba. Yo era de una manera que no se cambia con buenas intenciones. Ella me quería demasiado para verlo. Era como una mala adicción, una piedra en su camino con la que no cesaba de tropezar.

Finalmente, comprendí que la única forma de hacerla feliz sería alejándola de mí. Si ella abría los ojos, si ella descubría el horror que yo ya había podido ver… sería lista y saldría corriendo. Confiaba en ella.

Fue duro ver como su dolor iba creciendo poco a poco. Ser indiferente, tosco, rudo… convertirme en la más imposible de sus posibilidades. Ser peor que la soledad, peor que el miedo, peor que la incertidumbre…

Debí hacerlo bien. Esta mañana una carta me recibía en la casa, vacía. El papel arrugado que ahora aprieto con el puño, sus últimas palabras, su despedida…

Está de pie en medio de la calle, con una mano en la enorme maleta roja y la otra en la puerta del taxi. El taxista se da la vuelta en su asiento.

-Oiga, va a subirse o qué -gruñe malhumorado.
-Espere un momento… Le pagaré la espera…
El taxista se encoge de hombros y vuelve a mirar hacia el volante. Dinero fácil.

La maleta parece pesar una tonelada, como si estuviese llena de ladrillos. No sabe si su decisión es la correcta, y teme estarse equivocando. Mira por encima de su hombro, a las ventanas de la casa donde ha pasado tantos meses. Probablemente él aún no se haya despertado.

La decisión parecía tan fácil cuando dejó la nota… Ahora ya no lo es. Ninguna decisión lo es.

Abriendo finalmente la puerta del taxi, derrama por fin todas las lágrimas que la rutina y la indiferencia habían ahogado.

1ª parte: Sarg
2ª parte: Sara
3ª parte: Sarg

  1. #1 by Sara - June 17th, 2009 at 13:00

    Me gustó mucho como quedó… con tu permiso, lo copio también en mi blog 😉

    Un placer!!

  2. #2 by Biónica - June 17th, 2009 at 14:38

    Creo recordar que no hace más tiempo del que me gustaría, escribí para mí, algo que se parecía muchísimo al primer párrafo. Para desahogarme. Es curiosa la sincronicidad. Me ha gustado leerlo, aunque sea un poco dolorido.

    Un saludo

  3. #3 by Sarg - June 17th, 2009 at 15:17

    Sara: Claro Sara, es tan tuyo como mío ^^ Ya hablaremos de su educación cuando sea algo mayor, no me gustaría que fuese a un colegio religioso porque les meten muchas ideas en la cabeza XDDD 😛

    Biónica: Creo que lo especial que tienen todos los textos que hablan de relaciones es que, aunque cada uno hemos vivido nuestra propia historia, todas tienen puntos en común.

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