Hasta que la muerte me separe


-Doctor Delmar, hay algo que me preocupa.

El Doctor Clayton Delmar Shaw se quita las gafas, empañadas por el súbito cambio de temperatura entre el frío invernal del exterior y la calidez del interior del edificio. La sala en la que se encuentra el núcleo de Arthur está refrigerada todo el año, unos pocos grados por debajo del límite de la comodidad, pero en invierno, por contraste, no resulta tan apreciable. Limpia los cristales de las gafas con una esquina de su bata de laboratorio, frunciendo el ceño.

-¿Qué te preocupa, Arthur?
-He estado pensando sobre la batería de test de Turing-McBride.

El Doctor Delmar parpadea, sorprendido. El test de Turing se desarrolló a mediados del siglo pasado, como una prueba para corroborar la existencia de inteligencia en una máquina. La solución de McBride fue ideada a principios del XXI como una mejora de las pruebas, para establecer la diferencia entre una máquina inteligente y una máquina que simula inteligencia. Arthur no había preguntado nunca antes sobre los test que habían sido utilizados sobre su propia matriz de personalidad.

-¿Y qué es lo que te preocupa sobre el tema?
-He observado que la solución de McBride se apoya sobre determinar la consciencia de la propia existencia. Se considera que se ha alcanzado la inteligencia cuando una máquina adquiere conocimiento sobre sí misma.
-Sí, así es -la pausa en la conversación de Arthur es uno más de los comportamientos humanos que ha aprendido.
-Doctor, no entiendo. Verificar mi existencia es trivial. No es necesaria ninguna prueba para ello. No tengo más que pensar en mi existencia, y efectuar una verificación de todos mis sensores y sistemas.
El Doctor Delmar sonríe -Cogito, ergo sum. Has estado leyendo a Descartes, ¿eh?
-Sí, Doctor. Y Locke. Y Feldenkrais. Y Fechner. Y Holloway. Y…

El Doctor detiene con un gesto la enumeración de Arthur. En ocasiones tiene una inercia nacida de la falta de impaciencia que resulta totalmente abrumadora. Se levanta de su silla y pasea en círculos por la sala. Siempre ha encontrado más fácil pensar rápido si se encuentra en movimiento, una de esas manías que se cogen de joven y te acompañan el resto de tu vida.

-Bueno, Arthur, comprobar tu existencia puede ser sencillo para ti. No lo es tanto para otras criaturas. La comprobación es igual, pero biológica, y por lo tanto sometida a dudas. Los gatos no se reconocen en un espejo. Comprueba las referencias.
-Hecho.
-Bien. Arthur, la consciencia de la propia identidad no se limita a haber internalizado tu propia existencia, sino a aislarla de la de otras… entidades. Si mañana desarrollásemos a Arthur 2, seríais completamente capaces de distinguiros uno del otro.
-Entiendo.

Ante el silencio de Arthur, el Doctor se dispone a abandonar la sala.

-Sin embargo, Doctor, hay otras consideraciones que no comprendo. También he leído a Sartre. En su filosofía expone que somos nuestro pensamiento, y que por ello no podemos dejar de pensar. Existimos porque pensamos que no podemos dejar de pensar.
-Uhmm, sí -responde el Doctor, sin saber dónde quiere Arthur llegar a parar.
-Doctor, yo sí puedo dejar de pensar. Es sencillo, anulo las conexiones entre mis nodos. Mi inteligencia es distribuida. Si los nodos no pueden comunicarse, el núcleo entra en un estado de hibernación y el pensamiento consciente se detiene.

El Doctor sonríe.

-Enhorabuena, Arthur, acabas de mirar cara a cara a tu propia muerte.

  1. #1 by Yandros - June 19th, 2009 at 15:39

    Alucinante. Vaya forma de escribir ciencia ficción mezclada con filosofía.
    Me ha gustado mucho.
    Tendré que ponerme con Sartre.
    Un saludo

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