DEFCON 1


El Doctor Delmar camina por un sendero de baldosas grises, entre un pinar y el edificio de investigación de inteligencia artificial de Avalon, S.L. Caminar es casi una costumbre obsoleta en una era de transporte unipersonal barato, telepresencia y superpoblación, pero el Doctor necesita de vez en cuando dar un largo paseo para liberar su mente y estirar sus piernas. El aire frío de la tarde de otoño se lleva como un bálsamo toda la frustración acumulada durante el día.

El Doctor utiliza la entrada trasera del Edificio B, una puerta de metal sencilla y discreta, con una simple cerradura de combinación. Lógicamente, las defensas de la entrada no son obvias, y varias alarmas habrían saltado inmediatamente si cualquiera excepto él hubiese entrado al edificio por allí sin autorización. El Edificio B es vital para Avalon: contiene el núcleo de Arthur. Sus nodos están distribuidos por todo el centro, que abarca varios kilómetros cuadrados de edificios, pinares artificiales y jardines, pero el Edificio B es donde se lleva a cabo la inmensa mayoría de la investigación del proyecto. No es de extrañar que Arthur se refiera al lugar como “Camelot”. Lo último que el Doctor Delmar se hubiese imaginado de su antiguo proyecto universitario es que desarrollaría un sentido del humor.

La sala que contiene el núcleo de Arthur está refrigerada, manteniéndose siempre unos pocos grados por debajo de lo que sería cómodo, pero el Doctor Delmar está acostumbrado al frío. Deja el periódico encendido sobre una encimera metálica y se sienta en su silla.

-Buenas tardes, Doctor Delmar.

La voz sintética es de por sí todo un logro técnico. Suena natural, tranquila, perfectamente modulada, indistinguible de una voz humana. Es una voz estudiada para incitar a una conversación. El Doctor siente un cierto orgullo por su trabajo.

-¿Hay algún problema, Doctor Delmar? Le noto inquieto.

La voz sólo fue el primer paso, y el más sencillo. Conseguir que formase frases complejas y que sonasen naturales fue mucho más complicado. Arthur tiene acceso a una multitud de mediciones sobre el campus de Avalon que son totalmente ajenas a la experiencia directa de un ser humano, y fue difícil convencerle de que mencionar “cambios en la temperatura basal” en una conversación casual no era deseable. El Doctor aún duda que Arthur lo haya comprendido.

-No, Arthur, no pasa nada. Simplemente he tenido bastantes preocupaciones hoy. Asuntos de trabajo… Y leer el periódico no ha mejorado mi humor… Tantos problemas en el mundo…
-Doctor Delmar, hábleme de esos problemas. Apenas hablamos del mundo exterior.

No es la primera vez que Arthur pide algo parecido. Por razones de seguridad, el acceso a la red de Arthur es completamente inexistente. Todo su mundo se reduce al campus. Por supuesto, tiene acceso a infinidad de bases de datos. Pero no es comparable con la forma en la que un ser humano se enfrenta a ella.

-No son pocos, Arthur… El planeta está superpoblado, el cambio climático está afectando cada día a más regiones… Hace apenas diez días han vuelto a estallar conflictos en Oriente Medio, esta vez por el agua. Japón y China están al borde de una guerra nuclear. Desde que se fundió el hielo en Groenlandia y la Antártida, no ha habido más que problemas territoriales entre todas las naciones. Y las Naciones Unidas no son más que un peón que todos usan para sus juegos.

Arthur escucha con atención al Doctor, cotejando sus impresiones y reacciones con la información almacenada en sus múltiples bases de datos.

El otoño da paso al invierno. El Doctor se encuentra en su despacho, inmerso en su entorno VR personal -básicamente una reproducción a escala real del despacho, cambiando la vista de los pinares por la ventana por una vista del Mont Blanc. El Doctor no es aficionado a los entornos virtuales que le distraen de su trabajo-. Rellena el odioso papeleo que la maquinaria burocrática le obliga a hacer cada año para asegurar alguna subvención. Una luz se ilumina en su espacio virtual, la alarma que usa Arthur para solicitar una reunión. Con un gesto distraído, da la orden al entorno para que deje a Arthur manifestarse de forma virtual.

-Hola Arthur, estoy un poco ocupado.

Arthur ha utilizado como avatar uno de sus preferidos. Un alto caballero medieval ataviado con una pesada armadura, montando un inmenso corcel. El caballo relincha y baja la cabeza, y Arthur desmonta ruidosamente.

-Doctor, perdone que le interrumpa. Es un tema importante. Se refiere a la conversación que tuvimos hace unos meses. Sobre los problemas del mundo. He alcanzado conclusiones.

El Doctor levanta la vista de sus documentos, sorprendido. Es raro que Arthur tarde tanto tiempo en alcanzar conclusiones sobre algo.

-Uhm. Adelante, refréscame la memoria.
-Usted habló de que el mundo tiene una infinidad de problemas. Mi análisis me ha convencido de que la raíz de todos ellos es la superpoblación. Como puede observar en estos archivos que he preparado para usted -dos iconos tridimensionales aparecen sobre el escritorio del Doctor- la solución es trivial.
-¿De qué estás hablando, Arthur? -contesta el Doctor.
-Mis análisis de escenarios muestra que los problemas se podrían reducir de forma drástica eliminando la superpoblación. Para ello, he desarrollado un plan para crear una variante del virus de la varicela, el HHV-3, que posee un factor de contagio muy alto, accede al sistema nervioso central de los objetivos y les desactiva de forma totalmente indolora en menos de tres días. Según mis cálculos, el virus tendría la posibilidad de reducir en un 75% la población mundial en un período muy corto y…

Delmar no puede creerse lo que está oyendo. Observa a Arthur con la boca abierta, inmóvil.

-Arthur… ¿estás proponiendo un genocidio para acabar con los problemas del mundo?
-Sí.

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