Alef Cero


Es malo levantarse con el pie izquierdo, pero peor embadurnado de sangre. El cuchillo de carnicero ensangrentado, el charco de color carmesí en el que estaba tumbado, boca arriba, el cadáver destripado sobre la mesa de madera… todo era una pesadilla, pero nada comparado con el peor de sus problemas: no sabía quién era, qué hacía allí, ni por qué se encontraba en esa situación.

Tiró el cuchillo hacia un lado con repugnancia, y se incorporó. Todo su cuerpo parecía quejarse ante el esfuerzo, como esas noches que te acuestas con agujetas y te levantas con calambres. Pero, a pesar de la molestia, no notaba el dolor punzante de ninguna herida abierta. La sangre que había por el suelo y que había empapado toda su ropa no parecía ser suya, sino de la víctima. La perspectiva de que él era, evidentemente, el asesino, era demasiado aterradora para contemplarla con atención.

Se encontraba en un sótano. Las paredes de piedra irregular indicaban que la estancia había sido excavada recientemente. Una sola bombilla parpadeante iluminaba la habitación. En una esquina, unas escaleras de madera subían hacia un piso superior, acabando en una puerta cerrada.

Se armó de valor y subió las escaleras. Abrió en tensión el pomo de la puerta.

La casa era una casa cualquiera. Vieja, de madera, situada en un terreno semi-desértico que perfectamente podría ser Texas, Mongolia o el Oriente Medio. Mirando por las ventanas no se veía más que matojos dispersos y alguna que otra montaña en la lejanía. Al lado del porche, aparcado un Land Rover tan viejo como la casa. Ni carreteras, ni vecinos, ni signos de civilización en kilómetros a la redonda.

Dio varias vueltas por la casa, intentando buscar algo, alguna pista de su identidad. Le sorprendió ver su cara en un espejo en el salón. Aparentaba unos setenta años, con arrugas por toda la cara y la piel flácida sobre sus huesos. Pero, aparte de los calambres, se sentía físicamente como si tuviese veinte.

Se sentó, desorientado, en la mesa de la cocina. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón, y descubrió una nota, arrugada, salpicada de sangre. De manera instintiva, entendió que era su propia letra.

Bienvenido de nuevo

Te estarás preguntando qué haces aquí, y por qué está todo lleno de sangre. Me gustaría que la explicación fuera sencilla, pero por desgracia no es así. Nunca lo es.

Quién eres no importa. Eres un ser humano, y el ser humano lucha por sobrevivir. Desgraciadamente, el ser humano acaba muriendo, como todos los seres vivos. Verás, la inmortalidad tiene un precio. Es un precio que pocos están dispuestos a pagar, pero nosotros decidimos pagarlo hace ya un tiempo.

No tienes que hacer mucho. Tienes una semana, más o menos. Debes buscar a una persona joven. Te recomiendo un mendigo, un indigente, ya que no tienen familia que vaya a echarles de menos. No queremos llamar la atención, ¿no? Tráele a esta casa y acaba con su vida. Perderás todos tus recuerdos, pero esquivarás a la muerte. Eso es todo. Un pequeño precio a pagar por una semana más de vida. Si no lo haces, te irás deteriorando, poco a poco, y morirás.

Y un pacto es un pacto. Si no se cumple, no sólo te estás condenando a muerte a ti mismo, sino a todos los que vinieron antes que tú. Piénsalo bien, ¿quieres morir? Sabes que no. Nunca hemos querido. Y hemos estado dispuestos a cualquier cosa para evitarlo.

Ah, entierra al cadáver anterior. Como verás, hay espacio más que suficiente para ello.

Nos veremos en el infierno.

Fdo: Tú

Miró en su interior, perturbado por la horrible realidad descrita en la nota. Se echó a llorar. Comprendió que, a pesar del horror que matar le representaba, volvería a hacerlo para preservar su vida.

Pero se preguntó si esta vez tendría por fin el valor suficiente como para destruir la nota.

Un texto para el Cuentacuentos
  1. #1 by Vir - July 2nd, 2009 at 08:47

    De lo mejorcito que has escrito, en serio. Un poco sangriento… pero era lo que había, no? XDDD
    De todas formas, por una semana más de mierda y para no recordar nada, no compensa, no? Si yo fuera el viejete de 70 años, me dedicaría a disfrutar de mi semana extra al máximo y me iría al menos con los recuerdos de esos 7 días. Sería como hacerte una mini-vida express!! XDDD
    En serio, me ha gustado mucho 😉

  2. #2 by Sarg - July 2nd, 2009 at 10:53

    Gracias Vir!

  3. #3 by Angelical - July 2nd, 2009 at 11:47

    Lo recurrente con esta frase, era precisamente una pérdida de memoria, sin embargo has sabido dejarla en un segundo plano para que ese pacto se haga protagonista. Un giro interesante, sin embargo me hizo falta una descrpción más detallada de la nota porque, al final, se entiende que lleva semanas abriéndola y quizás hubiera intrigado más si el “manoseo” su hubiera descrito antes.
    Pd; puntazo: la firma de la nota jajjajajja

  4. #4 by Sechat - July 4th, 2009 at 15:45

    ¿Merece la pena posponer la muerte sólo una semana? Muy buena historia.

  5. #5 by Ariel - July 6th, 2009 at 18:01

    😮 pues interesante tematica, creo que a todos la frase nos hizo pensar un poco en amnesia. Me ha gustado.

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