Al otro lado


Despierta, y no tiene ni idea de dónde se encuentra. Está sentado, en medio de una habitación pequeña, oscura y polvorienta, de aspecto destartalado y sin más ventana que una rendija enrejada a dos metros de altura. La silla en la que se encuentra es grande y metálica. Está atado a ella con fuertes correas de cuero y dos presas de metal oxidado. Una cinta de cuero, más gruesa, mantiene inmóvil su cabeza. Aparte de la silla y un vetusto televisor en una esquina, la habitación está totalmente vacía.

Grita “socorro” varias veces, hasta quedarse ronco. Gritar hace que su cabeza duela más que la peor migraña que se hubiese imaginado, pero sigue haciéndolo. Tras lo que parecen horas, solo en la oscuridad, una vez le sobresalta. Parece venir del televisor.

-Decisiones, amigo mío. Todo en la vida son decisiones -entona la voz con una cadencia monótona e inhumana-. Desde que nacemos nos enseñan a tomar decisiones. Nos enseñan que hay decisiones buenas, y decisiones malas. Nos enseñan que no tomar una decisión es una decisión en sí misma. Pero dime, ¿qué hacer si se te presenta una decisión realmente difícil? ¿Cómo distinguir el bien del mal?

La pantalla de televisión se enciende, mostrando una imagen en blanco y negro. En ella puede ver a su mujer, atada a una silla como la suya -ahora ve con claridad que se trata de una silla eléctrica-, llorando. Grita e intenta forzar las correas, en vano.

-Decisión, una decisión -dos placas metálicas se mueven en los brazos de la silla eléctrica, mostrando sendos botones-. El botón de tu derecha activará tu silla eléctrica, el botón de la izquierda activará la suya. Si esperas más de un cierto tiempo, se activarán las dos. Una simple decisión.

Lucha con todas sus fuerzas contra la silla que le ata, rompiéndosele el alma al ver a su mujer en la vieja pantalla parpadeante. Puede notar el cuero de las correas desgarrándole la piel y haciéndole sangre. Y no puede evitar preguntarse, dudar, barajar todas las soluciones. ¿Matar, o morir? ¿Ser valiente o cobarde? Sus músculos duelen, agotados por el inútil esfuerzo.

Desesperado, aprieta un botón.

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