Pluma y Escoba


Decidió que ya era hora de limpiar un poco su habitación.

Había ido posponiéndolo desde hacía meses, y se notaba. Estaba todo hecho un desastre. Sucio, desordenado, patas arriba. Nadie que tuviese todavía un poco de dignidad -y le gustaba pensar que ella aún la tenía- podía seguir viviendo en esa habitación. Además, tampoco sería tan terrible, ¿no? Unas pocas horas y todo quedaría como nuevo.

Bajó a la calle a comprar algunas cosas para ayudar con la limpieza. Lo típico: unas bolsas de basura (de esas perfumadas), una escoba nueva, un recogedor, un par de guantes de plástico. Unos 20 € en total, y así de paso aprovechaba para renovar algunas cosas viejas que había por casa. Subió a su piso, abrió la puerta de la habitación, con una bolsa en cada mano, y se dispuso a enfrentarse a la tarea.

Empezó por los rincones, que es el mejor lugar para empezar. Hacía años que tenía montones ingentes de Remordimientos apilados en ellos, cogiendo polvo. Los agarró y los tiró en una de las bolsas sin echar más que un vistazo. Les siguieron con igual falta de ceremonia un pequeño montoncito de Arrepentimientos que, aunque estaban bien escondidos, incordiaban bastante.

Abrió el armario. Estaba lleno hasta arriba de Culpa. Tuvo que vaciarlo por completo, y dos bolsas más se fueron llenas hasta arriba, directas a la basura. En los cajones de la parte inferior del armario encontró guardados un montón de “Y sis”, “Tal vez” y “Quizás”. ¿Por qué guardamos esas cosas? Son inútiles y lo único que hacen es gastar espacio y tiempo. También fueron a la basura.

La mesa-escritorio fue la parte más dura. Fue donde se encontraban sus recuerdos más recientes, con los que tenía que lidiar en el día a día. Entre el monitor del ordenador y la impresora guardaba en una cajita todas sus Heridas y Cicatrices. Le costó horrores deshacerse de la cajita, pero sabía que debía tirarla si quería pasar página y seguir adelante. Guardaba también en el cajón del escritorio los “regalitos” que le habían ido haciendo a lo largo de los años amigos y amigas, amantes, novios, padres y conocidos. Había de todo, y fue mucho más cuidadosa que con el resto respecto a qué tirar. No dudó en deshacerse de Disgusto, Tristeza, Pena, Padecimiento, Aflicción y, sobre todo, un Corazón Roto que descansaba en un rincón. Se quedó con Entusiasmo, Felicidad, Diversión, Satisfacción, Risa y Amor. Éste último era su regalo favorito, nunca podría tirarlo, por muy desordenadas que llegasen a estar las cosas.

La habitación ya estaba algo más ordenada. El apartado de la limpieza fue más sencillo. Barrió con la escoba la Angustia que solía colarse por todas partes y abrió la ventana para que el viento se llevase de una vez el Pesimismo que flotaba en el aire.

¡Ahora sí que tenía una habitación en la que merecía la pena vivir!

La idea para escribir este texto me la inspiró Raquel. Gracias guapa! Este te lo dedico a ti jeje 🙂
  1. #1 by RaquelBuscaSuSitio - July 27th, 2009 at 20:21

    ¡¡Gracias, gracias, GRACIAS por alegrarme el día!! ¡Un besazo enooooorme!

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