Y ahora sóplale a la luz


Y ahora sóplale a la luz. Es sencillo, verás que apenas te cuesta nada. Un simple suspiro, una exhalación desganada, y la llama morirá sin prestar mucha resistencia. Sé que es difícil deshacerse de algo que te ha acompañado durante tanto tiempo, que ha iluminado tu camino y te ha enseñado gran parte de lo que sabes. Pero sabes que debes hacerlo, y yo sé que podrás. El fuego no es una criatura poderosa, sino una criatura cobarde, necesita sentirse grande y destructor para tener alguna confianza en sí mismo. Verás sin embargo que no muere de inmediato, que se agarra a la vida de la forma más inesperada, dejando su imagen en tu retina durante unos instantes para que no le olvides y seas consciente de tu asesinato.

La luz te abandonará, y te encontrarás perdido en la oscuridad, solo. Lo único que te recordará a la luz que antes te acompañaba será el humo negro que la lámpara de aceite habrá despedido al apagarse. No te preocupes, yo te guiaré, como siempre he hecho. A nadie le es sencillo deshacerse de su luz y adentrarse en la oscuridad.

La oscuridad te irá cubriendo, meciéndote en su seno, invadiendo tus días. Te sentirás desesperado, te sentirás perdido. Desearás no haber soplado nunca la luz, no haberte liberado jamás de su calor y su vida. Echarás de menos los viejos tiempos y querrás volver atrás, a esos años en los que la luz siempre estaba contigo. Pero poco a poco te acostumbrarás, aprenderás a estar solo, en las tinieblas. Poco a poco te darás cuenta de que la oscuridad ha estado siempre ahí, que la luz simplemente la estaba ocultando. Que era todo una ilusión.

Y entonces, sólo entonces, podrás volver a brillar.

Un texto para el Cuentacuentos

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