Encadenada


Lleva años tirando de esas cadenas. El rechinar metálico del hierro oxidado deslizando sobre sí mismo ha roído su razón y ha hecho sordos sus oídos. Sus muñecas y su alma sangran sobre heridas abiertas por los pesados grilletes, atrapadas en una presa mortal de la que es totalmente incapaz de escapar. Y en esa presa, llora en silencio, sintiéndose desgraciada por el peso con el que constantemente carga.

Hubo un tiempo en el que tanto ella como aquéllos que la querían pensaron que las cadenas se estaban aflojando. Que pronto se resquebrajarían y caerían al suelo, machacadas por la herrumbre, disolviéndose en una nube de polvo cobrizo que el viento se llevaría muy lejos. Entonces sería libre, libre por fin, libre como no lo había sido en toda su vida.

Pero no era más que una ilusión, como tantas otras. La locura transitoria de los espejismos y las esperanzas vacías. Las cadenas siguieron allí, más fuertes que nunca. Agarrando, apretando, ahogando.

Y allí seguirían, para siempre, porque no hay metal más duro que el que ha forjado uno mismo.

  1. #1 by Yandros - August 1st, 2009 at 11:28

    Ni siquiera nosotros mismos sabemos de que estan hechas nuestras cadenas. De miedo quizás, de aquello que no pudimos vencer y se hace fuerte con el tiempo…
    Un saludo, me gustó este relato

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