Cierra los Ojos


Cerró los ojos para tratar de parecer dormido. O muerto. Le habían enseñado desde pequeño que las criaturas cazaban guiándose por el movimiento, y que no atacarían a una presa inmóvil. De modo que cerró los ojos y contó hasta 10 en la oscuridad, para tratar de calmarse y regular su respiración.

No se oía nada, excepto su propia sangre redoblando contra sus tímpanos. Los sonidos de la jungla, tan comunes durante el día, se habían apagado por completo, como si todos los animales fuesen conscientes de la presencia de los sanguinarios invasores y se hubiesen quedado congelados, esperando.

Se atrevió a abrir los ojos, lentamente. A su derecha, unos gigantescos helechos se movieron bruscamente. Las criaturas estaban cerca, muy cerca, moviéndose entre las plantas de la selva sin preocuparse del ruido que puedan hacer. El miedo le corroía por dentro. Era perfectamente consciente de lo que las criaturas le harían si le descubriesen.

Huyó. No podía hacer otra cosa. El miedo era demasiado grande, y se encontraban demasiado cerca.

No llegó siquiera al río. Una flecha, untada en veneno, se clavó en su espalda. Esa noche el ser humano se había cobrado otra pieza más.

Un texto para el Cuentacuentos
  1. #1 by Paula - January 12th, 2010 at 15:23

    Pues a mi me ha gustado mucho, y me ha sorprendido el final.
    Saludos

  2. #2 by Esther - January 12th, 2010 at 20:38

    ¡Qué miedo!

    Coincido totalmente con Paula. Está muy chulo y esa imagen me inspira paz.

    Me recordaste a una escena de un libro, que se llama Flor del desierto, de Waris Dirie. Es una historia verídica y de verdad que ¡está chulísimo! Tienes que leerlo. Ella estaba frente a un león.

    Saluditos.

  3. #3 by Vir - January 13th, 2010 at 11:15

    Muy bueno, Sarg. Da la impresión de que va a ser algo de ciencia ficción, y resulta que es real como la vida misma. Me ha gustado la sorpresa final 🙂

  4. #4 by Marta - January 26th, 2010 at 18:45

    Joer Juan, no me esperaba el final!!
    Dios!

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