Le ciel est mort


-Le ciel est mort.

La frase le distrajo, y desenfocó la mirada de las pantallas de datos que recorrían su retina.

-¿Uh? ¿Qué es eso, inglés?
-No, francés.
-Francés, inglés… tú y tu obsesión por las lenguas muertas. ¿Qué significa?
-El paraíso ha muerto.

Tardó un par de segundos en entender las implicaciones. Apagó sus sistemas, y los números de color verde chillón desaparecieron de sus ojos. El trabajo ya no tenía sentido.

-¿Es… es definitivo?

Su compañera se giró. No era una mujer atractiva. Había nacido en órbita, y su físico no estaba adaptado a la alta gravedad de la Tierra, pero en ese momento su mirada triste y su mueca de fatalidad le daban un aire misterioso.

-Sí, estoy segura. Tengo los datos.

Se cubrió los ojos con una mano y se derrumbó en su silla. La desesperación amenazaba con envolverle por completo, pero una voz en el fondo de su cabeza le repetía que era normal. Ya nada tenía sentido.

-¿Hay… posibilidad de que sean incorrectos? Tal vez… nos quede algún año más. Tal vez sea una falsa alarma.

Su compañera no respondió, pero aún con los ojos tapados supo que estaba apretando los labios, como hacía cada vez que no deseaba llevarle la contraria. No eran incorrectos. Las cosas eran así, y tenía que afrontarlas: el paraíso había muerto.

-¿Y ahora qué?

Ella titubeó antes de contestarle.

-Ahora… seguimos con nuestras vidas. No podemos hacer otra cosa.
-¿Y cómo? ¿Sabiendo que estamos condenados, que estamos todos condenados?

Los dos se quedaron un buen rato en silencio. Debían hablar con su superior. Darle las malas noticias. Llevaban varios años trabajando, con un equipo de más de diez mil personas, a marchas forzadas, intentando descubrir por qué el cielo se estaba muriendo. Los síntomas habían empezado siendo sutiles, pero habían ido a más, y la salvación se alejaba cada vez más del alcance de la humanidad. Hacía apenas cien años que la ciencia había establecido una línea directa con Dios y con los ángeles y ahora… ahora ya no servía para nada. El cielo había muerto.

¿Con qué cara anuncias a tu jefe la muerte de un Dios?

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