Gala


Podría decirse que como habitación no vale mucho. Los recargados paneles góticos de madera de caoba son elegantes, sí, y el mobiliario parece transportarte a una época pasada en la que la alta sociedad ponía más interés en las apariencias que en la comodidad, pero no deja de ser un dormitorio vetusto, ajado, cubierto por la falta de uso y la falta de interés desde que mamá murió y pasó a ser poco más que un almacén.

Las sillas acumulan polvo junto a un roído sofá de dos plazas. Las persianas de madera hace muchos años que no abren, y el armario lleva lustros vacío, acumulando ese olor rancio que sólo los muebles de madera cerrados consiguen condensar. Pero le da igual, todos estos cacharros no son más que reliquias sin valor. Se dirige directamente a la única joya que guarda esta cámara del tesoro olvidada. El vestidor de su madre.

La puerta que comunica con el vestidor es de madera maciza, con un mosaico tallado sin gusto artístico alguno. Gira el pomo con anticipación, y se sorprende al encontrar la estancia tal y como la recordaba, hace ya más de 20 años. Congelada en el tiempo junto con todo su contenido.

Con mano temblorosa, coge una de las perchas y descuelga su preciada mercancía. Se la prueba con impaciencia. Enciende la luz del cuarto, una pequeña bombilla desnuda colgando de un cable, y se mira en el espejo de cuerpo entero que ocupa una de las paredes.

Siempre le quedó bien la sonrisa pícara.

Descuelga a continuación la sonrisa esquiva, y se la prueba. La sonrisa seductora. La sonrisa triste. La tímida. La compasiva. La inquieta y la nerviosa. La placentera y la distraída y la condescendiente. Una a una todas las sonrisas del vestidor van siendo suyas, tras tantos años olvidadas en este cuarto sin ventanas, hasta que una voz masculina la sobresalta desde el marco de la puerta.

– Deberías probarte la sonrisa sincera, la que no sólo haces con la boca, sino con tus ojos. Siempre ha sido la que mejor te ha quedado.

Y en ese momento, curiosamente, no necesita vestir esa sonrisa para que aparezca sobre su cara.

PD: dedicado a Alhana por la inspiración

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