Mercado de carne


No te imaginas lo que cansa despertarse entre pesadillas noche tras noche. Mira, todos tenemos un límite, y el mío ya lo rebasé hace tiempo. Me harté de hundir la cabeza entre mis manos y llorar unas lágrimas amargas que no servían para nada. Y ahora ahogo gritos mudos en mercados de carne nocturna que ni dicen nada ni pueden decirlo. Sí, ¿y qué? Luchar es para los soldados: Tú seguirás entonando canciones sin ritmo, pero yo, en mi desidia recién reencontrada, soy inmortal…

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